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Aguado Hidalgo, Adelo. Fusilado (Ilegalmente): 28/05/43 In Memoriam (20) |
Bienio negro. CEDA:
Los patronos, al grito que ya hicieron famoso de "No queríais República, comed República!", empezaron el contraataque contra las escasas medidas que habían favorecido a los trabajadores. Así, se suprime el turno de trabajo y las trabas que se pusieron a la selección caprichosa de los terratenientes para dar empleo, quitaron topes salariales en el campo y en la industria dejándolos al "libre intercambio entre empresario y trabajador", promovieron el deshaucio de miles de yunteros en el campo, aprobaron la ley de amnistía que restituía con todos sus derechos a los sublevados militares de 1932 al mando de Sanjurjo y excluía a los apresados por la rebelión cenetista del 8 de diciembre de 1933, etc.
El propio Gil-Robles en un mitin en Badajoz, el 27 de mayo de 1934, aclaraba bastante sobre el "color" del bienio: "He tenido que colaborar con un gobierno de centro para seguir una política evolutiva. En mis manos estuvo, en diciembre, el haber provocado la disolución de las Cortes. Ahora, a los seis meses, tenemos los siguientes resultados. Primero: la sustitución de la enseñanza religiosa no se ha llevado a cabo. Segundo resultado: la sustitución de los haberes del clero ha tenido una rectificación inicial, e iniciado el camino, las consecuencias vendrán en su día. Tercer resultado: camino de Roma se encuentra el ministro de Estado, que va a tratar con el sumo pontífice, reconociendo su soberanía y la independencia de la Iglesia. Cuarto resultado: las persecuciones de que fueron objeto las derechas, con campañas muchas veces absolutamente injustas, han sido objeto de rectificación con la ley de amnistía. Quinto resultado: la ley de términos municipales ha quedado derogada. Que vengan los que me censuran a presentar algo parecido".
A pesar de la victoria electoral de las derechas, la burguesía sabía que no tenía todo ganado a la hora de llevar a cabo las medidas económicas y políticas que necesitaba. Ni mucho menos. El problema es que necesitaban un poco más de tiempo. Así se explica el que, a pesar del gran resultado obtenido por la CEDA en las elecciones, la clase dominante no apostara aún por la entrada de esta formación en el Gobierno del dirigente del Partido Radical, Alejandro Lerroux, sobre todo porque temía la respuesta que podía dar la clase trabajadora.
Para ello, trataron de emplear todas sus fuerzas y dejar patente que detrás de sus posiciones políticas existía un movimiento masivo, serio y efectivo. En esta línea, organizan una concentración en El Escorial, dado sus fuertes reminiscencias imperiales. Mientras tanto, y en absoluto es casual, se suceden declaraciones de organizaciones burguesas reclamando mano dura contra los trabajadores. Así, la Cámara de Comercio de Madrid se dirigía al ministro de la Gobernación, el 16 de abril de 1934, en estos términos: "Estimamos que el Gobierno debe considerar como primordial preocupación la de reestablecer el orden público, puesto que no cabe duda de que el país está ansioso de que se logre una normalidad para reanudar con intensidad su vida comercial y sus negocios". También, la Unión Económica preconizaba la restricción del derecho de huelga: "Es una agitación de tipo político, que se encubre con el disfraz social y provoca huelgas con el más fútil pretexto". Estas "peticiones" trataban de crear un caldo de cultivo favorable en la sociedad, particularmente entre las capas medias, a medidas duras y represivas contra la clase trabajadora.
El objetivo de la CEDA era intentar traer a dicha concentración alrededor de 100.000 asistentes, pagándoles el viaje y la asistencia, y con la ayuda de una campaña infernal por parte de los medios de comunicación burgueses para realzar ese acto de "afirmación nacional". Sin embargo, se encontraron con una respuesta impresionante por parte del movimiento obrero, especialmente el de Madrid.
A pesar de la tibia actitud de la dirección del PSOE dentro de la Alianza Obrera de Madrid (organismo en que confluían distintas organizaciones obreras y que, en la práctica, no pasaron de ser simples comités de enlace entre dichas organizaciones), que no convoca una huelga general de 24 horas en Madrid hasta pocas horas antes de la concentración fascista, la respuesta de los trabajadores consiguió hacerla fracasar. En pocas horas, la ciudad quedó paralizada y silenciosa, hasta el punto de que cualquier orden verbal dicha en la calle haciendo referencia a la necesidad de secundar la huelga general era inmediatamente puesta en práctica: nadie se ponía a preguntar sobre quiénes eran los convocantes o si era legal. El resultado de la concentración fue un fracaso, ya que apenas consiguieron 10.000 asistentes, según Munis, participante directo esos años, y 25.000 según Tuñón de Lara. Fue tan nítido el fracaso del acto que provocó, de forma instantánea, la dimisión del Gobierno Lerroux, siendo sustituido por un personaje anodino como Samper, que personificaba la situación de impasse existente entre las clases en ese momento.
Octubre fue para la derecha la confirmación de sus vaticinios sobre las potencialidades revolucionarias de una izquierda obrera en la que sólo veía designios bolchevizantes. La negativa de los partidos del centro republicano a adoptar las medidas de represión implacable que exigía la CEDA, reforzó en los conservadores la convicción de que la democracia republicana era intrínsecamente débil y que, por lo tanto, sería incapaz de arbitrar hasta sus últimas consecuencias los medios precisos para derrotar un nuevo embate de las fuerzas revolucionarias. Octubre reafirmó en la derecha, y especialmente en los monárquicos, la convicción de que si el Estado había reaccionado esta vez a tiempo, no había sido por la eficacia de las instituciones políticas, sino por la determinación de las Fuerzas Armadas de actuar rápida y contundentemente. El Ejército -columna vertebral de la Patria, le llamó entonces Calvo Sotelo- constituía así la última garantía, la reserva de las fuerzas tradicionales frente al cambio revolucionario, que el régimen parlamentario parecía incapaz de conjurar.







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