Abuin Rivera, Miguel. Fusilado (Ilegalmente): 17/01/40 In Memoriam ( 9 )

Gobierno del bienio negro:

En las elecciones, los vascos votaron por la CEDA, pero apenas lo habían hecho cuando se dieron cuenta que ni la CEDA ni los Radicales, permitirían la aceptación de su estatuto de autonomía, esto les inclinó hacia la izquierda. En aquel momento el gobierno, fue lo bastante torpe como para imponer una contribución que era todo lo contrario de las previsiones del Concierto Económico.

Los vascos decidieron celebrar elecciones especiales en sus ayuntamientos como protesta por ello. El gobierno prohibió estas elecciones y cuando se estaban celebrando intentó impedirlas, se dispararon algunos tiros y el periódico monárquico ABC publicó una editorial que decía: “Preferimos los comunistas a los vascos”. Todos los ayuntamientos vascos dimitieron y sus diputados, siguiendo el ejemplo de la Ezquerra, abandonaron las Cortes. Así, en septiembre, el gobierno español se las había compuesto para querellarse seriamente con vascos y catalanes.

Mientras el gobierno radical había conseguido revocar la mayoría de los actos de las primeras Cortes republicanas y se preparaba para traicionar las restantes, e partido de Gil Robles se preparaba para el avance. El programa de Gil Robles estaba concebido por etapas. Primero, formar un gobierno de coalición con los radicales; después, tomar el poder él solo; más tarde, una vez preparado el terreno, convocaría unas elecciones preparadas de tal modo que le darían la victoria aplastante; finalmente, volvería triunfante al sitial de gloria y mando y desde allí cambiaría la Constitución. Las circunstancias decidirían si se crearía un Estado corporativo al estilo de Austria, o si se restauraba la monarquía.

Poco antes de las elecciones de 1.933, Gil Robles habló de este modo en un discurso: “Debemos marchar hacia un nuevo Estado. ¿Qué importa si ello significa derramamiento de sangre? Necesitamos una solución integral, que es lo que estamos buscando. Si queremos realizar este ideal no debemos detenernos ni estancarnos en formas arcaicas. La democracia no es para nosotros un fin, sino un medio para llegar a la conquista de ese nuevo Estado. Cuando llegue el momento las Cortes se someterán o las haremos desaparecer” (El Debate) En otras ocasiones insistía en que la rebelión contra la autoridad constituida era ilegal y contraria a la enseñanza de la Iglesia. El escritor falangista Giménez Caballero hace de él el siguiente comentario: “Aparentemente fascista, aparentemente nacionalista, se ha visto obligado a eliminar de su lado a todo nacionalista auténtico y a todo elemento fascista”. Él y su partido, “con su política vaticanista de jesuitismo tradicional eran espíritus bastardos sin fuerza genital”.

El momento para realizar la primera parte parecía haber venido y en una gran reunión de las organizaciones juveniles de su partido celebrada en Covadonga en septiembre, Gil Robles pronunció uno de sus discursos típicamente equívoco s y provocativos: ¡Ni un momento más! No queremos nada para nosotros, pero no sufriremos por más tiempo que este estado de cosas continúe”. Estas palabras fueron interpretadas como que su partido no apoyaría por más tiempo a los radicales cuando las Cortes se reunieran el 1 de octubre. Una semana después confirmó esto con lenguaje menos sibilino.

El 1 de octubre se reunieron las Cortes y el gobierno presentó la dimisión. Gil Robles pidió una mayoría de puestos para los suyos en el próximo gabinete. Los partidos de izquierda advirtieron al presidente dela República que si algún miembro de la CEDA entraba en el gobierno, verían en este acto una declaración de guerra hacia ellos. Por el contrario, insistieron para que disolviera las Cortes. Don Niceto, tras larga vacilación, eligió lo que le pareció más correcto constitucionalmente y autorizó a Lerroux para que formase un gobierno que debería incluir a tres miembros de la CEDA. Correcto quizá, pero catastrófico en sus resultados si recordamos que todos los desastres que siguieron en España pueden ser adjudicados a esta fatal decisión. Los socialistas no aceptaron este compromiso y al día siguiente, 5 de octubre, una huelga general de la UGT empezó por todo el país. Azaña y otros miembros de los partidos republicanos, incluyendo hasta al conservador Maura, se disgustaron hasta tal punto con el presidente de la República, que declararon que no permanecería por más tiempo en las Cortes ni volverían a tener relación con él. El movimiento revolucionario que siguió, estalló simultáneamente en tres lugares diferentes: Barcelona, Madrid y la región minera de Asturias. En las otras provincias de España en donde los socialistas eran lo suficientemente fuertes hubo huelgas generales en las ciudades, pero sin acción violenta. Las regiones rurales se mantuvieron tranquilas porque la huelga de campesinos de junio las había agotado, solamente en Extremadura, se alzaron algunos yunteros bajo la dirección de la socialista Margarita Nelken.

Bien, ya hemos visto como estaba el panorama político en aquel año de 1,934. En España no hubo nunca una revolución burguesa y por tanto no existía una derecha ilustrada y democrática, la sociedad estaba estratificada con una clase formada por terratenientes, grandes empresarios, la Iglesia, el Ejército y la nobleza, todos ellos detentadores del poder desde tiempos pretéritos; luego, un agujero negro por la ausencia de una clase media fuerte y organizada y, en la parte más baja de la escala social, la mayoría de la población formada por obreros de cuello azul, temporeros del campo y agricultores arrendatarios de tierras que no les pertenecían. Una población, esta última, en unas condiciones de vida miserable y dejadas a su suerte, una población – en un país eminentemente agrícola - que no podía esperar los lentos, e incluso pasos atrás en temas sociales, que el gobierno surgido tras las elecciones de 1.933 estaba llevando la República. Fue en este ambiente de una elite ciega a todo aquello que no fuera la defensa de sus privilegios, un gobierno vendido a estos intereses, de espaldas al pueblo que representaba y con claros tintes facistóides cuando tuvieron los hechos de octubre de 1.934 protagonizados por una masa obrera que había perdido la paciencia y dispuesta a quitarse las cadenas a través de la lucha y el enfrentamiento con el sistema. Veamos ahora, los distintos pasos de este enfrentamiento.