Recoge el diario “El Debate” (En el artículo precedente) las manifestaciones de Ortega y Gasset sobre la crítica que hace a la deriva que va llevando la República. El prestigioso intelectual, creador de un artículo de opinión en el diario “El Sol” y que finalizaba con la frase “Delenda est Monarchia” se muestra disconforme con la política republicana y lo que él consideraba que debía ser esta. No cabe duda de que su modelo , como intelectual instalado en la alta burguesía ilustrada del país y con las ventajas materiales y sociales que le daba esta situación su visión de la República tenía que diferir forzosamente con lo que esta intentaba - acosada desde la derecha y desde la extrema izquierda – al sacar adelante un proyecto político modernizador de España y no hubiera estado de más, por parte de Ortega, algo más de empatía hacia el pueblo llano y de comprensión hacia su gobierno. En cuanto a la denuncia de falta de compromiso y altura intelectual de los gobernantes en el poder vuelve el filósofo a instalarse en su torre de marfil para dictaminar, desde su autoridad intelectual, qué es lo bueno y qué lo malo del país.
No menos curiosa es la apreciación de Ortega cuando califica a la Iglesia Española como “empobrecida y mal respetada” y que “ni quería influir ni siquiera era oída como merecía” , juicios un tanto peregrinos para cualquiera que conociera la realidad en la que se movía la Iglesia y sus Obispos en la época y que muestra en el señor Ortega una particular forma de “no sentirse como católico” y una no menos curiosa manera de entender la República cuando asegura que el “Estado debe ser perfectamente y vigorosamente laico” pero, al mismo tiempo le acusa de anticlericalismo cuando intenta llevar a cabo esa política. No es de buen cristiano hacer “leña del árbol caído” pero sería interesante conocer qué pensaba el señor Ortega del régimen de franco en el que vivió desde 1945, al regresar de su exilio, régimen que, por cierto, no le había retirado su paga como profesor en la Universidad madrileña, pero si que se preocupó de hacer “limpieza” de maestros, profesores y catedráticos demostrando que le importaba más el adoctrinamiento político que la calidad de la educación impartida.
“El Debate”, transforma, lo que significaba de apoyo a su línea editorial en las palabra de Ortega a una clara crítica de las mismas cuando el filósofo – según él – señala que la Iglesia no era escuchada por la monarquía y el periódico le pregunta al señor Ortega por los muchos intelectuales que han sido protegidos por ministros o duques de la monarquía, intelectuales que posteriormente habían contribuido a derrocar el régimen monárquico (entre ellos el mismo Ortega). A “El Debate” no le extraña la presencia en el primer tercio del siglo XX de reyes y duques, restos hispanos del Antiguo Régimen, pero si se conmueve ante la presencia de otros de sus fantasmas personales, si antes era el comunismo, ... ¡Ahora son, .. los intelectuales! Estos fantasmas sirven para poner en claro el carácter “modernizador” de la editorial que defendía el diario y el catolicismo que la sustentaba. Los intelectuales son el exponente máximo de la “Inteligencia”, del “Pensamiento”, del avance de la sociedad y de la “formación de opinión” entre los ciudadanos y, claro, nada de esto puede interesar a una ideología como la que mantenía la Iglesia Española que deseaba perpetuar los privilegios y el statu quo existente entre el Estado y la Iglesia previo a la caída de la monarquía.
Ponemos fin a tan extenso comentario sabiendo que no muchos ( posiblemente ninguno) habrán prestado atención a lo que en él se dice, la naturaleza del mismo y su longitud no ayudan a ello, pero me sentiría satisfecho con haber contado con un solo lector que hubiese llegado hasta este punto ya que ello me indicaría su interés por este tema.
Cualquier análisis que se haga sobre la II República Española sin tener en consideración las particularísimas circunstancias que se dieron mientras estuvo vigente, el momento histórico que le tocó vivir, estará falseando la realidad. La república fue el primer intento, durante la larga Historia de Españal, de democratizar el país y de modernizarle buscando situarlo a la altura de las demás naciones europeas.







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