Continúa diciendo el articulista en el diario ABC:
“ ... Es bueno hacer memoria de lo que pudo ser y no fue. Hay líderes del PSOE que tienen bien presente esta historia, es el caso de la vicepresidenta de Gobierno Teresa Fernández de la Vega. También los hay en la Iglesia, el presidente de la Conferencia episcopal, Ricardo Blázquez. Debe llegar ya un arreglo en materia educativa. Es necesario acabar por normalizar la relación mutua. La última instrucción de los obispos tiene razón en reivindicar un reconocimiento del papel que la Iglesia española ha tenido en la construcción de la democracia. Sin embargo, no hubiera estado de más un gesto de reconocimiento a un Gobierno que ha cambiado notablemente y a mejor su confuso inicio respecto a la cuestión religiosa.
Finaliza el artículo del diario ABC recordando lo conveniente que es hacer uso de la memoria y para dar un “tirón de orejas” a las autoridades republicanas por “lo que pudo ser y no fue” así como señalarnos el “confuso inicio (del actual gobierno socialista) respecto a la cuestión religiosa”. En fin, memoria tenemos – al menos, algunos - y recordamos cómo, aquellos Obispos tan beligerantes con la República y con sus decretos modernizadores de la sociedad, estuvieron más que encantados con la dictadura franquista y con el dictador – al que se le concedió el privilegio de ir bajo palio – consiguieron que el Vaticano calificase como Cruzada lo que no era otra cosa que un vil golpe militar, se dejaron fotografiar junto a Franco levantando el brazo en el saludo fascista e, incluso, el Papa envió a este un telegrama de felicitación al finalizar la guerra sin considerar la cruel represión que tenía lugar en ese momento, algo no muy cristiano, por cierto. Como se ve, si que tenemos memoria.
En cuanto al “confuso inicio” del actual gobierno sobre la cuestión religiosa y al deseo que expresa el articulista de la “necesidad de acabar por normalizar la relación” entre el Estado y la Iglesia solo se me ocurre manifestar que ese confuso inicio no era otra cosa que la búsqueda de esa normalización que reclama, claro que, como le dijo a Sancho don Quijote, “Con la Iglesia hemos topado” y esa normalización, para la Iglesia, solo puede realizarse aceptando sus presupuestos. Sería muy interesante que, tanto el gobierno como los Obispos españoles tomasen nota de lo que se hizo en Francia hace más de un siglo y acabasen rompiendo unos lazos, cosa que quiso hacer la república y que tampoco el actual gobierno ha conseguido, lo que demuestra la debilidad de este y la fortaleza de la Iglesia. Ese “confuso inicio” parece que se ha aclarado, pero no a favor del Estado sino de forma favorable para la Iglesia, ya que las clases de religión católica se seguirán impartiendo en los colegios públicos y la cantidad económica que percibe del Estado, no solo no ha desaparecido – en un plazo de tiempo razonable -, sino que se consolida e incrementa.
Sería sumamente esclarecedor del pensamiento de los Obispos del momento, de lo que exponían desde sus medios afines y de las directivas que dirigían a los fieles, pero por razones obvias de espacio solo incluiré algunos fragmentos de lo que se podía leer en el diario “El Debate” en aquellas fechas:
“ .... A disminuir esto viene la palabra papal, que significa la «alta protesta contra las múltiples ofensas irrogadas a los sacrosantos derechos de la Iglesia, que son los derechos de Dios». Como conclusión a esta primera parte de su documento, los Obispos declaran que están dispuestos a seguir luchando por el honor de Dios y de la Iglesia. Pasan luego a recordar a los católicos sus deberes, trabajando «todos unidos íntimamente al sucesor de Pedro..., dejando a un lado las cuestiones secundarias que nos dividen, atenderán (los católicos) a la defensa de los altos intereses de la Iglesia con el concurso de todas las buenas energías empleadas por las vías justas y legítimas». Continúan los Obispos: «Haciendo esto se sirve también a la Patria corno fervientes y dóciles ciudadanos, siguiendo así las instrucciones del Episcopado que ha reconocido y acatado el Poder constituido sin vincularlo jamás a una determinada forma de gobierno». Confían los Obispos que de este modo se reparen los daños causados a la Iglesia, y «sea conjurado el peligro de que se apague la fe, peligros que en España amenazan al mismo consorcio civil». Concluye el Episcopado deseando y esperando que el documento papal sea estudiado con serena reflexión por parte de los poderes públicos, «ya que es un documento de la suprema autoridad moral, internacional y mundial que no se puede rechazar sin poner en peligro el progreso y la libertad de los pueblos».







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