” .. Una prueba de que sigue siendo necesario defender el principio del laicismo y reafirmar que la ciudadanía francesa no se basa en la pertenencia a un grupo cultural, étnico o religioso en particular, sino en la adhesión a principios definidos en común. Y que la enseñanza pública es un lugar de transmisión del saber en el que la neutralidad debe preservarse, así como la igualdad entre todos, y entre chicas y chicos, debe ser absolutamente defendida.


” .. En ningún caso dirigida contra una población o una religión en concreto, esta ley es únicamente la afirmación del principio de laicismo en la República Francesa, que garantiza a todos la libertad de practicar la religión de su elección.

Nuevamente la Nación vecina nos da una lección ejemplarizante y a copiar de lo que debe ser una sociedad moderna, democrática, laica y con un auténtico espíritu republicano, muy alejada de lo que estamos acostumbrados a ver por aquí para satisfacción de la Conferencia Episcopal y para disgusto de algunos ciudadanos, como puede ser, por ejemplo, la continuación de la exhibición de símbolos religiosos católicos en centros escolares públicos en un parecido paralelismo a cómo, en lo político, aún perdura simbología franquista por calles y plazas de nuestras ciudades y pueblos.

Iremos finalizando, pero antes recogeremos los últimos párrafos de lo leído en “El Debate” y lo analizaremos convenientemente:

“ ... Comentaba a esto «El Debate» del 17 de noviembre. «Habrá una mentira: la neutralidad religiosa, y habrá una realidad: la persecución en el alma del niño de toda espiritualidad, de toda noción sobrenatural. La mentira de la escuela laica, arreligiosa, aconfesional, es un antiguo canto de sirena». Y afirma luego con toda gravedad: «Esto lleva directamente al comunismo». Continúa el periódico: «El señor Llopis, director general de Enseñanza y hombre clave en el Ministerio de Instrucción Pública, ha ideado la escuela para educar al pueblo. La neutralidad queda excluida. Nada de engaños ni de rodeos. Se prohíbe la enseñanza de la Religión, pero no es fácil que el lugar de asta quede vacante. Ya el señor Llopis habló de la otra religión, del comunismo». La tesis general del editorial es que no se puede dar la escuela puramente laica, porque al quitar la religión se cae directamente en el comunismo. El diario señala a Francia como ejemplo reciente que puede con-firmar su tesis.

“ ... Con ocasión del tiempo litúrgico de Adviento, el Obispo de Barcelona publica una circular haciendo un llamamiento al tribunal de Cristo, «donde habrá una horrible confusión de los pecadores y de los políticos impíos. Vemos con gran satisfacción el generoso movimiento de protesta y de revisión que se ha levantado entre nosotros perra reparar los daños causados a la Iglesia

». La última parte de la circular está dedicada a alentar a los fieles respecto a publicaciones de Prensa: «Declaramos con todo el peso de nuestras responsabilidades que están comprendidos en el canon 1398 algunos diarios y periódicos que se editan en nuestra ciudad y en otras de la diócesis, sin que pretendamos en modo alguno referimos a sus aspectos profesionales y políticos, como «El Diluvio», «Solidaridad Obrera», L' Esquella de la Torrara», «El Papitu», «L' Hora',, «La Batalla», y otros que se publican en otras ciudades, como «La Traca», «Frailazo», «El Cencerro», «La Tierra», y otros similares cuya lectura está prohibida bajo pena de pecado mortal».

Veamos, al diario le preocupa sobremanera la “mentira de la escuela laica, arreligiosa, aconfesional” y nos profetiza sus consecuencias inmediatas: “Esto lleva directamente al comunismo”, y nos pone a Francia como ejemplo incuestionable de su predicción – lo que pone de manifiesto su fracaso total como profeta -. No me considero comunista, aunque no deja de ser curioso que mucha de la enseñanza de Jesús de Nazaret esté más próxima a este pensamiento político que bastantes de las doctrinas y ejemplos que salen del Vaticano y de sus ministros, pero, en cualquier caso, el comunismo no creo que asustase mucho a ese pueblo campesino, obrero o temporero ya que podría ver en él (acertadamente o no) la solución de su males endémicos; a los que sí asustaba esta palabra era a la Iglesia, al Ejército, a la Monarquía y a los poderes económicos del país. que tanto unos como otros, veían peligrar sus intereses y privilegios de clase.

No menos interesantes resulta observar la relación de diarios, periódicos y otro tipo de comunicados escritos que la Iglesia entiende como prohibidos para los católicos, en particular, y para los ciudadanos en general y cuya lectura se condena “bajo pena de pecado capital”. ¡Esto último demuestra sin genero de dudas, el territorio que pisaba la Iglesia Española y cómo estaba el asunto de las libertades y de los derechos de los ciudadanos en nuestro país, problema que a los Obispos no les preocupaba lo más mínimo - como tampoco parecía preocuparles la situaciones sociales en la que se encontraban aquellos campesinos y obreros a los que quería movilizar en su favor - ya que lo suyo era la defensa de Dios o, algo más practico y terrenal, la defensa de sus propios intereses!