La II República y el Problema Religiosa ( VI )
Garantía del pluralismo religioso
“ ... El artículo 2 de la ley de 1905, según el cual "la República no reconoce, no emplea y no subvenciona ningún culto (…) ", afirma que, a ojos de la República, las religiones son iguales entre ellas, y que en ausencia de una religión oficial, el Estado no se erige en árbitro de las creencias y se abstiene de privilegiar alguna de ellas. El Estado es así "neutro" y las autoridades religiosas, aunque tienen derecho de expresar su punto de vista sobre las leyes del Estado, no pueden interferir en su elaboración ni ejercer ninguna influencia, en ning ún sentido, en su aplicación.
“ ... Dadas las numerosas guerras libradas en nombre de Dios, y ante los enfrentamientos pasados2 y presentes entre grupos religiosos, así como las persecuciones de las que son víctimas todavía hoy millones de personas en todo el planeta, sería adecuado, como señala Guy Coq, licenciado en Filosofía, "mostrar el alcance democrático y universal del laicismo (…) y la influencia sobre la paz civil que todav ía ejerce".
“ ..El laicismo francés ha querido construir, más allá de las diferencias entre creencias, "la unidad del pueblo" (‘laos’, en griego). "El laicismo constituye para cada ciudadano una protección fundamental, una garantía de respeto, no sólo de sus convicciones, sino también de que nunca se le impondrán las convicciones de los demás". Así se expresaba el presidente de la República, Jacques Chirac, tras la decisión de crear una autoridad independiente para luchar contra cualquier forma de discriminación3. Asimismo recordó que "el papel esencial del laicismo en nuestra República", que "determina nuestra capacidad para la convivencia entre hombres y mujeres iguales y diferentes, libres y solidarios "
“ .. El laicismo, "una fuerza capaz de unir a los hombres contra las barreras ideológicas que podrían separarlos", organiza la paz social y se opone a lo que hoy podríamos llamar "comunitarismo", que puede conducir a la exaltación de las diferencias entre los individuos y a un conflicto entre identidades. El laicismo pretende asegurar a cada cual la libertad de definirse sin sometimiento, en particular en un espacio reservado a la formación del espíritu crítico y de valores comunes como es la escuela pública. Así se hace "universalizable, ya que todos los hombres ganan con ello", como se ñala el filósofo Henri Pena-Ruiz.
¡Qué enorme diferencia de criterios y de entender lo que es un estado auténticamente democrático entre estos conceptos de la Francia republicana y la España oscurantista mantenidos por los Obispos españoles y sus seguidores! Claro que una profundizaba en las enseñanzas de la Enciclopedia mientras que los otros eran los representantes de una España que, en aquel momento histórico, aún mantenía la Santa Inquisición como tribunal de la ortodoxia religiosa. Lo que aquí representa una “declaración de guerra, ataque a la Iglesia, y sectarismo” que abriría la caja de Pandora de todos los males, en Francia significaba la adecuación al pensamiento emanado tras el Siglo de las Luces y al triunfo de la razón sobre las ideas oscurantistas, lo que aquí significaba el seguidismo a una “filosofía sin base científica” allí supone poner en práctica el artículo 10 de la Declaración de los Derechos Humanos de los Ciudadanos, Declaración que es la base jurídica y humanista de lo que representa hoy día una sociedad moderna. Nada más alejado de la amenaza que nos pronostican los Obispos, ese cúmulo de “horrores y daños incalculables”, la realidad de lo que manifiesta el articulo 2º de la ley de 1905 y que se hace eco del pensamiento de Jules Ferry sobre lo que debe ser la separación entre la educación de los ciudadanos y su derecho personal a su opción religiosa, siempre en el ámbito de su familia o de su confesión religiosa, y que supone la igualación ante el Estado de cualquier creencia y la consecuencia positiva que esto tiene dentro de la sociedad al hacer ciudadanos más libres y más dispuestos a la coexistencia pacífica entre ciudadanos de distinto credo religioso.
No menos importante es la declaración de que el Estado “no reconoce, no emplea y no subvenciona ningún culto”, ¡Cuánto deberíamos aprender por aquí de esta declaración!
”









isabel61 dijo
... El artículo 2 de la ley de 1905, según el cual "la República no reconoce, no emplea y no subvenciona ningún culto (…) ", afirma que, a ojos de la República, las religiones son iguales entre ellas, y que en ausencia de una religión oficial, el Estado no se erige en árbitro de las creencias y se abstiene de privilegiar alguna de ellas. El Estado es así "neutro" y las autoridades religiosas, aunque tienen derecho de expresar su punto de vista sobre las leyes del Estado, no pueden interferir en su elaboración ni ejercer ninguna influencia, en ning ún sentido, en su aplicación.
Me voy a aprender este artículo de memoria. Habría que enviarlo al Congreso para que vayan tomando nota. A todas las sedes del Psoe, para que se espabilen y a la Conferencia Episcopal, para que se bajen del "burro" de una vez.
Un abrazo, rastreador
21 Abril 2007 | 08:44 PM