Es de agradecer que, el primero de los artículos mencionados, se inicie señalando algunos de los aspectos positivos de la república española para a continuación hacer referencia a un discurso de Fernando de los Ríos en el que se hace denuncia de algo real e incuestionable, el poder y la ingerencia de una Iglesia Católica en los asuntos de la Nación y siempre marchando al compás de cómo lo hacía la Corona y la influencia que sobre los ciudadanos ejercía desde las escuelas y los púlpitos. A continuación, el articulista, inserta una frase de Azaña que, desde los intereses descalificantes hacia la república, siempre se ha interpretado fuera de contexto y tendenciosamente, aquella de que “España había dejado de ser católica” y como prueba de esto incluyo lo dicho por Gutiérrez Inclán en su artículo. Sobre la reflexión que hace el autor a que la cuestión religiosa había “unido a los antirrepublicanos – esto y algo más, “todo lo que significaba la republica” unía a los antirrepublicanos – y separar a los republicanos ...” - en todo caso, sería a una determinada forma muy sui generis de entender la república -

“ ... Las Cortes de 1931 no reniegan del pasado, se le considera superado porque para el político republicano la realidad política, social e incluso psicológica de España era muy distinta. No se podía, según Azaña, continuar con unas categorías históricas que estaban totalmente rebasadas por la realidad que estaba viviendo el país. «España ha dejado de ser católica» ha sido una frase interpretada con bastante parcialidad por la derecha que ha venido detentando el poder en la historia recientísima de España; Azaña le quiso dar una gran amplitud que posteriormente ha sido recortada. De ninguna manera se puede limitar esta afirmación al solo campo religioso, la frase señala una total « metanoia» —valga la palabra— en la historia de España. Metanoia que, como ya queda indicado, abarca a toda la realidad de la vida pública española donde, sin duda, hay que colocar el complejo problema religioso.

Sigue el articulista argumentando algo que resultaba obvio, la incuestionable necesidad de la modernización del Estado y la íntima comunión que existía entre este y la confesionalidad católica. Si esto era así no entiendo como se le puede negar al gobierno el derecho democrático a legislar en la persecución de un Estado Laico y acusarle de “anticlericalismo” por ello. ¿No sería más acertado señalar que la Iglesia, desde el mismo14 de abril, había estado manifestando desde su posición de adoctrinamiento del ciudadano su más que declarada oposición a la república y su ingerencia en la política? ¿No sería más acertado indicar que la Iglesia había optado por una posición beligerante con la república a raíz de los cambios sociales que esta propugnaba y que señala el articulista, como la secularización de cementerios, divorcio civil o reconocimiento de otras confesiones religiosas? ¿Acaso no tenemos ejemplos hoy día de la posición de la Conferencia Episcopal Española respecto al gobierno socialista de Rodríguez Zapatero y de la cual se pueden poner los siguientes ejemplos:

a) “El obispo de Huesca dice que la "sospecha" de la "matanza" del 11-M mira al Gobierno”

b) El arzobispo de Toledo y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Antonio Cañizares, afirmó este domingo durante la misa que ofició en la Catedral de Toledo que los atentados del 11-M en Madrid de hace tres años “aún no han sido esclarecidos en su verdad más real y honda” y “pesan sobre España como una losa opresora de la que necesitamos liberarnos”.