Un régimen totalitario tiene como una de sus características “un sistema de terror, impuesto a través de los controles del partido y de la policía”. Así fue desde la insurrección de julio de 1.936 y duró mucho tiempo. El objetivo era explicito: el punto 6º de los 26 Puntos de la Falange declaraba que “nuestro estado será un instrumento totalitario”.
Por ello, la política franquista respecto a la cultura fue una campaña tendente a la desaparición total de la política educativa y cultural de la República que, desde 1931 hasta 1.937 había pasado de 37.500 a 50.000 maestros, y, dentro de ella, la represión sobre maestras y maestros al considerar la educación como escudo y defensa de la República.
En 1937, José Pemartín, jefe de los Servicios de Enseñanza Superior y Media declaraba: “Tal vez el 75% del personal oficial enseñante ha traicionado – unos abiertamente, otros solapadamente, que son los más peligrosos, - la causa nacional (...) Una depuración inevitable va a disminuir considerablemente, sin duda, la cantidad en personas de la enseñanza oficial”. En provincias de las que se tienen datos fiables fueron ejecutados unos 250 maestros; 54 institutos de 2ª enseñanza creados por la República fueron clausurados. Por añadidura, un 25% de los maestros sufrieron algún tipo de represión y un 10% fueron inhabilitados de por vida. En Euskadi y Cataluña, todos los maestros de la enseñanza pública fueron dados de baja y tuvieron que solicitar su readmisión a través de un costoso proceso.
Las razones de las ejecuciones era erradicar del espíritu de la República encarnado en los maestros y la educación; provocar un miedo generalizado. Una buena parte de las responsabilidades correspondió a lo curas de la Iglesia católica; elaboraban listas negras y acompañaban en los fusilamientos.
El nacional-catolicismo era en la educación y la cultura, el aniquilamiento de la tradición humanística, liberal y reformista. Paralizó durante años la construcción de escuelas; el magisterio fue diezmado; la enseñanza pública fue maltratada porque era vista como germen del mal “laizante”, se fomentó la desigualdad entre centros y alumnos; el adoctrinamiento fue inmisiricorde. Como muestra, esta pregunta del catecismo del padre Ripalda: “¿Hay otras libertades perniciosas? Si señor, la libertad de enseñanza, la libertad de propaganda y de reunión ¿Por qué son perniciosas esas libertades? Porque sirven para enseñar el error y propagar el vicio”. Así fue la educación bajo el franquismo. Después de concluida la guerra, en 1.943, el ministro de Educación. José Ibáñez Martín, declaraba ante las Cortes que “ lo verdaderamente importante desde el punto de vista político es erradicar de la docencia y de la creación científica la neutralidad ideológica y desterrar el laicismo, para formar una nueva juventud, poseída de aquel espíritu agustiniano de mucha ciencia no acerca al Ser Supremo”. El concordato de 1.953 entre el Estado y el Vaticano confirmó el monopolio católico sobre la educación española. El estado aseguraba la enseñanza de la religión católica como parte obligatoria de los planes de estudio en todos los centros educativos del país, de cualquier clase y nivel, así como la conformidad de todas las enseñanzas con los principios de la Iglesia católica.
La Iglesia jugó un papel fundamental en la represión y la depuración del magisterio. Básicamente por el papel que los maestros de la República jugaron en la aplicación de las normativas sobre la supresión de la enseñanza religiosa. Por eso bastantes miembros de la Iglesia católica jugaron un papel fundamental en la represión.
Fueron los maestros republicanos, ante todo y sobre todo, luchadores comprometidos, radicales combatientes contra el atraso, endémico, la más de las veces, de los pueblos en los que desempeñaron su labor. Porque no sólo enseñaban en la escuela a los alumnos, sino que enseñaban también a sus padres a cultivar los campos, a repoblar los montes, a curar a los animales enfermos y, muchas veces, a las personas. Aconsejaban en los pleitos, reconciliaban a los vecinos, redactaban los “papeles” con los que las gentes sencillas trataban de defender sus derechos ante la temida, lejana y todopoderosa Administración y ante los terratenientes y caciques locales, lo que más tarde, les costaría a unos y a otros, serios disgustos e, incluso la vida.







El tema educativo en este país es de vergüenza. A la sombra del nacionalcatolicismo que se ha prolongado en el tiempo inexplicablemente se suman los malos resultados, consecuencia de un inalcanzable consenso entre los dos partidos principales. Ahora, se empieza a aplicar la LOE, pero si en las próximas elecciones volviera a ganar el PP, se cambiaría de nuevo todo el S. Educativo. El resultado es nefasto y todo por culpa de los curas que no quieren bajo ningún pretexto salir de las escuelas. Unos los toleran y otros los soportan como pueden. Hasta que este asunto no se resuelva definitivamente, seguiremos dando vueltas sin llegar a ningun parte y los padres estarán cada vez más disconformes y los alumnos cada día más analfabetos. La educación de calidad en los centros privados y la escuela pública desprestigiada. Un abrazo.
Amiga,
La educación sirve para moldear la arcilla de nuestro pensamiento y por ello siempre será materia en la que quiera influir el poder, ya sea, laico o religioso. Por ello, también sirve como medio para estratificar la sociedad, los poderosos siempre podrán acceder a una educación de alidad mientras que los débiles tendrán que conformarse con lo que le ofrezcan que, indefectiblemente, será de mala calidad.
Otro de los males es que, la educación, no se establece como medio para la formación del ser, para eleverle y hacerle más "humano" sino como fin para alcanzar un trabajo más rentable y en una sociedad donde la ética se supedita al éxito económico rápido y fácil el resultado no puede ser más trágico.
Los valores de la izquierda han sido fagocitados por el capitalismo salvaje y la civilizacón, mientra no los recupere, marcha paso a paso hacia su
autodestrucción.
Un beso.
El punto 6º de los 26 Puntos de la Falange declaraba que “nuestro estado será un instrumento totalitario”. La LOGSE. LOCE y ahora la LOE ... la política franquista respecto a la cultura fue una campaña tendente a la desaparición total de la política educativa y cultural de la República que, desde 1931 hasta 1.937 había pasado de 37.500 a 50.000 maestros, y, dentro de ella, la represión sobre maestras y maestros al considerar la educación como escudo y defensa de la República. De nuevo el punto de mira en el laicismo en la escuela.