Recuerdos del pasado

El País - Andalucía 04/02/2007
Domingo de Carnaval, 1937
Se cumplen 70 años del éxodo de población civil que huyó de Málaga hacia Almería
JUSTO NAVARRO

Entro en la catedral de Málaga y superpongo a la realidad de hoy las fotos de los refugiados en los días de la toma de Málaga por las tropas italianas y franquistas, en el carnaval de 1937. Era entonces Málaga una ciudad de refugiados que, desde el principio de la Guerra Civil, llegaban de Cádiz, Sevilla, Córdoba y Granada. En agosto y septiembre los golpistas tomaron Ronda y Antequera, y los campesinos corrían hacia Málaga, donde eran albergados en las mansiones del Limonar y el Paseo de Sancha, en la fábrica de Tabacos, en iglesias y conventos en tiempos de persecución religiosa.

El pavor crecía en Málaga. Los cruceros Canarias y Cervera apuntaban sus cañones hacia el puerto. Los bombardeos eran reforzados por las amenazadoras charlas radiofónicas de Queipo de Llano, jefe de los golpistas en el sur, y la fama de las tropas moras de Franco. La mujer de Gerald Brenan, Gamel Woolsey, le escribía a una amiga que acogería en su casa de Churriana a cuantos pudiera si llegaban la legión y los moros, "a quienes los campesinos temen tanto". El joven
Sánchez Vázquez cuenta que el 6 de febrero algunas unidades militares se replegaban a Málaga, desorganizadas y "en compañía de miles de refugiados que huían de sus pueblos, aumentando así la congestión y el caos en los caminos". El día 7, domingo de Carnaval, "tropas marroquíes e italianas ya estaban a unos cuantos kilómetros de la ciudad". Se oían los cañonazos. El Estado Mayor del coronel Villalba y los responsables políticos de la ciudad decidieron la retirada, hacia Torre Mar, hacia Nerja . Abandonaron a la población a su suerte.

El historiador Antony Beevor ha contado el bombardeo de Málaga por la aviación italiana y la flota franquista apoyada por el buque alemán Admiral Graf Spee, y ha recogido una anotación del diario de Wolfram von Richthofen, jefe de la Legión Condor, del 6 de febrero: "Por fin ha podido despegar la escuadrilla de cazas, los italianos avanzan con dificultad (...) aún están a cuatro kilómetros de Málaga".El 8 de febrero el alemán estalló de júbilo: "¡Hemos tomado Málaga!" Los malagueños en masa huían hacia Almería. El historiador Beevor lo cuenta así: "Las descripciones de la huida de civiles y milicianos
exhaustos que escapaban de la ciudad por la carretera de la costa son espeluznantes: mujeres enloquecidas (...) amamantando a sus hijos muertos (...) los más viejos y débiles (...) muriendo a lo largo de la carretera bajo el fuego de los morteros que llegaban desde el mar y desde los aviones que en vuelo rasante ametrallaban sin piedad a los fugitivos".

Nos hemos acostumbrado a hablar de la Guerra Civil de 1936 repitiendo los esquemas de los aparatos de propaganda de los golpistas y del Gobierno de la República. El británico Beevor dice que todos estamos
dispuestos a conocer los hechos tal como ocurrieron siempre que coincidan con nuestras ideas preconcebidas. Pero el episodio de la huida de Málaga, contado por quienes lo vivieron, demuestra hasta qué
punto son compatibles en un mismo momento histórico y en distintos bandos la crueldad, la insensatez, la traición, la indefensión y la inocencia.