El esfuerzo de tipo económico que desarrolló la República para acoger en las escuelas a todos los niños en edad escolar, requería la elevación del nivel cultural de los alumnos, así como prestigiar socialmente la enseñanza impartida. En ambos casos requerían la participación entusiasta de los maestros e inspectores en su labor diaria. l
El Certificado de Estudios Primarios se podía obtener al finalizar la edad escolar, que según el decreto eran los 14 años, y cuando se apareciese en las listas de aptitud elaboradas por el maestro respectivo, entonces el alumno podría someterse a las pruebas orales y escritas ante una Comisión formada por: un inspector o un maestro delegado, por el maestro o director de escuela y por otro director o maestro del pueblo más próximo.
Las pruebas para la obtención del Certificado de Estudios Primarios versarían sobre el plan de estudios primarios y se celebrarían anualmente al terminar el curso escolar en cada escuela. Los alumnos que a partir de los 10 años aspirasen a seguir la segunda enseñanza también habrían de obtener el Certificado de estudios primarios, siendo indispensable para realizar dicho ingreso. Los alumnos de enseñanza privada podrían realizar las pruebas para conseguir el Certificado de estudios primarios con tal que un maestro certificase, con el visto bueno de inspector de la zona, el mínimo de escolaridad igual al exigido a los alumnos de escuelas públicas.
Los 36.680 maestros y maestras que aparecen en los presupuestos en 1931 sólo aparecen en las publicaciones del I.N.E y M.E.C referidos al curso 1932-33 y al curso 1935-36; en las estadísticas del I.N.E y M.E.C aparecen del orden de 4000 maestros menos que en el curso anterior( 1934-35), lo cual es incongruente según el presupuesto de 1935 por el que se crearon 1.242 nuevas plazas de maestros y con el número de plazas creadas en febrero de 1936 por el Frente Popular que fueron 5.300
El 14 de abril de 1931 sólo había en España diez provincias con más de 1.000 maestros cada una. Eran:
Oviedo (1.886) Coruña (1.241)
León (1.605) Orense (1.170)
Barcelona (1.443) Pontevedra (1.150)
Madrid (1.408) Valencia (1.065)
Burgos (1.262) Zaragoza (1.063)
El número de provincias que en abril de 1935 sobrepasaban la cifra de los 1000 maestros era de veintidós, las mencionadas anteriormente más: Murcia, Huesca, Granada, Santander, Salamanca, Almería, Lérida, Badajoz, Alicante, Navarra y Sevilla.
Las provincias que menos escuelas habían creado en dichas fechas eran: Castellón (0), Álava (57), Guadalajara (58), Burgos (76), Zamora ( 92) entre otras.
Otro dato de interés era el número relativo de maestros por cada 1000 habitantes, que en 1931 era de 1,59 y en 1935 de 2,14; las provincias que mantenían un mayor índice de maestros por cada 1000 habitantes en 1931 eran las siguientes: Soria ( 4,17), León ( 3,63), Burgos ( 3,55), Álava (3,36), Huesca (3,30) , Guadalajara ( 3,22), Segovia ( 3,18), Palencia ( 2,85), Orense (2,74), Ávila (2,69) y Salamanca (2,69).
Por el contrario las que tenían menor número de maestros eran las que tenían en su capital mayor población: Sevilla, Barcelona, Málaga, Madrid, Vizcaya y Valencia.







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