Segunda República Española ( II )
El próximo 14 de abril, se cumplirán 76 años de la instauración en España de la Segunda República tras las elecciones municipales que se celebraron en todo el país 2 días antes y en las que el voto monárquico había obtenido la mayoría en todo el territorio aunque el voto republicano había resultado vencedor en la ciudades más importantes y en el medio urbano, no así en el rural, considerado como de poco peso ante el carácter caciquil y de “trapicheo” de votos que se había venido desarrollando durante toda la Restauración entre el campesinado agrario. En esta fecha, el pueblo se echó masivamente a la calle celebrando un hecho histórico que ponía fin a una monarquía anquilosada en el pasado, comprometida con el Ejército, la Iglesia católica y la oligarquía del país y salpicada de numerosas corruptelas, impulsora de una guerra colonial en África catastrófica en todos los órdenes y, por último y no menos grave, haber ido de la mano de la Dictadura del general Primo de Rivera. Ese mismo día, el aún rey, Alfonso XIII, se descolgaba con este manifiesto:
“Las elecciones celebradas el domingo, me revelan claramente que no tengo el amor de mi pueblo. Mi conciencia me dice que ese desvío no será definitivo, porque procuré siempre servir a España, puesto el único afán en el interés público hasta en las más críticas coyunturas. Un Rey puede equivocarse y sin duda erré yo alguna vez, pero sé bien que nuestra patria se mostró siempre generosa ante las culpas sin malicia. Soy el Rey de todos los españoles y también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas en eficaz forcejeo contra los que las combaten; pero resueltamente quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro, en fratricida guerra civil.
“No renuncio a ninguno de mis derechos, porque más que míos son depósitos acumulados por la Historia de cuya custodia me han de pedir un día cuenta rigurosa. Espero conocer la auténtica expresión de la conciencia colectiva. Mientras habla la nación suspendo deliberadamente el ejercicio del Poder Real reconociéndola como única señora de sus destinos.
“También quiero cumplir ahora el deber que me dicta el amor de la Patria. Pido a Dios que también como yo lo sientan y lo cumplan todos los españoles”.
No deja de ser curioso el análisis de las palabras de Alfonso, desde luego que ese declarado “servicio a España” sería más que cuestionable tras un repaso de lo que fue su reinado, porque entre otras cosas España es también su pueblo y, dentro de este, no una parte del mismo sino la totalidad, y si se contempla las realidades sociales del país en esas fechas, es cuando menos, para pensar que poco hicieron por esta los distintos gobiernos que se sucedieron durante su triste reinado. Si el pueblo había dejado de conceder su amor al rey, era algo que él mismo se había ganado a pulso.
A continuación, incurre en un grave error producto de su concepción del Estado, más propio del Antiguo Régimen que de los nuevos vientos surgidos durante la Ilustración y la Revolución Francesa (por cierto, error del que no hemos aprendido mucho y en el que aún, de una forma u otra, nos mantenemos) en la que se dejó bien claro que la Soberanía no caía del cielo, “Por la Gracia de Dios”, sino que emanaba de la libre voluntad del Pueblo.
La afirmación de que “Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas ....” y las palabras que la siguen, es de una irresponsabilidad sublime solo achacables a semejante ser y a sus equivocados conceptos. En primer lugar, hoy sabemos que, hasta el último momento, estuvo consultando, junto a Berenguer y Romanones, las posibilidades que tenía de contar con la ayuda del ejército y de la guardia civil, e incluso se puso en contacto con la Academia Militar de Zaragoza – cuyo jefe ya sabemos todos quien era en esos momentos – y, solamente cuando vio que ninguno de sus generales estaba dispuesto a jugarse su puesto y su carrera por defender su causa se decidió por abandonar el país. Pero, por otra parte , esto se contradice con la frase que cierra este párrafo, que habla de no querer “lanzar a un compatriota contra otro” (algo que se mostraría pocos años después notablemente falso, ya que colaboró económicamente a la preparación del futuro golpe militar y su propio hijo, Juan, quiso intervenir en la guerra civil al lado de los rebeldes) al mismo tiempo que anteriormente señala que “hallaría medios sobrados”, ¿qué hubiera pasado si realmente esos medios se hubieran puesto de su lado? ¿Acaso hubiera sido el adalid de una prematura guerra civil?
“No renuncio a ninguno de mis derechos ....” Volvemos a encontrar el mismo error anterior. La Historia, afortunadamente, no es estática, y desde aquellos reyes guerreros aupado sobre sus escudos del pasado, a estos otros que decían venirles sus pretendidos derechos por la Gracia Divina, se ha pasado a una sociedad más democrática en la que el factor determinante es el Pueblo y no ningún hombre en especial con ínfulas basadas en caducos derechos dinásticos transmitidos por herencia de padres a hijos como si el país fuera un cortijo particular (aunque por estas tierras parece que este mensaje cala poco en los ciudadanos)
”










isabel61 dijo
Nada, ya les pueden poner la historia triturada y en pajita, el único argumento es Paracuellos y "la cantidad de Iglesias que se quemaron"?????.
¿Cuántos Republicanos murieron asesinados en los cuarenta años de Superdictadura? ¡AH, los datos están recogidos en la Fundación Franco!. ¡Qué país compañero!
9 Abril 2007 | 12:27 AM