Bagdag, bajo las bombas.

Tampoco se me olvidan otras imágenes, estas tan dramáticas o más que las anteriores y que son consecuencia de ellas. Una habitación desordenada en la planta 14 del hotel Palestina en Bagdag, una puerta que se abre a una terracilla en su fachada y un orificio sobre ella, huella macabra del impacto directo de un proyectil enviado con su carga de destrucción y muerte desde el Abrams, parte del cuerpo de una persona tendido sobre el suelo y voces nerviosas, como nerviosas son las manos de quién sujeta la cámara con la que se graba; carreras aceleradas, luego, el hall del hotel y, encuadrado en el plano que muestra la pantalla del televisor la figura de una persona conocida, el periodista Jon Sistiaga, en sus rostro dibujada la preocupación e incertidumbre del momento que vivía, sus manos sujetando unas cortinas o una colcha y, sobre ellas, un cámara de Tele-5, José Couso, luchando por salvar la vida. Más tarde sabremos que cuanto se hizo por él no pudo evitar su muerte. Era el 8 de abril de 2003, y las heridas en su cuello, torax y pierna acabaron una vida de tan solo 37 años entregada en la noble empresa de denunciar lo más horroroso, lo más innoble de la raza humana: la guerra.

Junto a él falleció el periodista ucraniano, de Reuters, Taras Protsyuk, y resultaron heridos, Samia Najul y Saleh Jebar, de la misma agencia, y el británico Paul Pasquale.

Estos fueron los hechos y el inicio de una larga lucha por llevar ante la justicia a los responsables directos de este crimen de guerra, lucha que llevan a cabo los familiares de José Couso y sus amigos contra el Ejército de los EEUU, lucha desigual, de resultado incierto pero llevada desde la dignidad, desde la verdad y desde la razón por parte de los demandantes y escudándose en mentiras y en todo su poder por los norte-americanos que se niegan entregar a los militares para que sean debidamente juzgados por un tribunal imparcial y dictamine la verdad de lo acontecido aquel fatídico día.

El Pentágono reconoció la autoría del disparo por parte del carro de combarte y lo achaca a que respondía al fuego que se dirigía contra él desde el edificio alcanzado por el proyectil, algo que niegan entre otros, el corresponsal de la cadena Sky News David Chater, que se encontraba alojado en el hotel, “no se produjo ningún disparo previo antes de la gran explosión provocada por un proyectil”; Además, un vídeo grabado por la cadena de televisión France 3 desde el hotel muestra cómo se mueve la torreta del tanque en dirección al hotel, se levanta el cañón y espera al menos dos minutos antes de disparar, según un enviado de AFP que visionó la película. "No hubo absolutamente ningún tiro. Luego vi la torreta girar hacia nosotros, luego el cañón levantarse. Estaba frente al objetivo", dijo el trabajador de la televisión francesa. "No fue un tiro reflejo", añadió.

La Federación Internacional de Periodistas ha calificado esta acción de "crimen de guerra", y ha afirmado que sus autores deberían ser llevados ante la justicia. "No hay duda de que estos ataques tenían por objetivo a los periodistas. De confirmarse, se trataría de una grave violación del derecho internacional", ha declarado Aidan White, secretario general de la federación, con base en Bruselas. En el 'Palestina' se encuentraba también el centro de Prensa, trasladado a ese hotel después de que el ministerio de Información iraquí fuera blanco de bombardeos de la aviación anglo-estadounidense.

El ataque contra el hotel se produjo pocas horas después de que otro misil impactara contra la sede del canal de televisión qatarí Al Yazira en Bagdad, matando a uno de sus corresponsales e hiriendo a uno de los cámaras.

Esta coincidencia en los “incidentes” que sufrieron periodistas y cadenas de información internacionales parecen confirmar el “aviso” que los militares americanos lanzaban a la prensa y televisión independiente.

La familia Couso se querella en la Audiencia Nacional contra tres militares de EEUU.

La madre y hermanos de José Couso presentaron querella ante la Audiencia Nacional que, tras varias peripecias, sigue su curso con una orden de búsqueda internacional dictado por un juez español sobre los militares americanos. Orden que se enfrenta con la negativa de los Estados Unidos a su cumplimiento y que, según mi conocimiento, ha condecorado y trasladado de unidad a los militares implicados, al objeto de que no salgan del país en cuyo caso podrían ser detenidos.

(Estados Unidos no facilitará al juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz la filiación de los tres militares estadounidenses que mataron en abril de 2003 al cámara de Tele 5 José Couso. El consejero de prensa de la Embajada en España, John Law, dijo que su país ya investigó este asunto y que el Gobierno español fue informado del resultado. Ante la ausencia de respuesta, el juez Pedraz estudia elevar esta negativa a la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y también al Poder Judicial para que se suspenda el convenio de reciprocidad y colaboración judicial que existe entre España y Estados Unidos.)

Los tres soldados que figuran en la querella son el sargento Gibson de la compañía A del 64 regimiento de Blindados de la Tercera División de Infantería del Ejército de Estados Unidos, el capitán Philip Wolford como responsable de la unidad de blindados de la Compañía A del mismo regimiento, y el teniente coronel Philip de Camp, responsable del Regimiento de Blindados 64. Los demandantes solicitan "prisión provisional" de los tres acusados.

Asimismo, se adjuntan como pruebas declaraciones de los tres soldados en diferentes medios de comunicación y relatos de los testigos. El sargento Gibson explicó en Tele-5: "No disparé inmediatamente sobre él. Llamé a mis jefes y les dije lo que había visto. Diez minutos después me llamaron y me dijeron que disparar sobre él y eso hice".

Por su parte, el teniente coronel Philip de Camp señaló en una entrevista publicada en ’Los Ángeles Times’: "Lamento decirlo pero soy el tipo que mató a los periodistas".

Mientras tanto, el próximo día 8, como viene ocurriendo desde la fecha del asesinato, familiares, amigos y diversas asociaciones se manifestaran ante la Embajada de los EEUU, en Madrid, para recordarles que aquí, en España no se olvida lo sucedido.

En esta guerra, que nunca debió haber comenzado, también murió a causa del impacto de un proyectil iraquí otro periodista español, Julio A. Parrado, hijo del que fuera Coordinador General de Izquierda Unida, Julio Anguita,