Pero aún quedaba mucho por ver en este enfrentamiento y que comenzó a insinuarse cuando Zapatero quiso profundizar en los derechos de las minorías – homosexuales y transexuales – marginados y perseguidos desde siempre, y homologarlos a los de los heterosexuales para lo que se acometieron sendas leyes, la del Matrimonio entre Homosexuales y la de Identidad de Género. Aquí el PP se encontró con la inestimable ayuda proporcionada por la Conferencia Episcopal de La Iglesia española que puso el grito en el cielo – nunca mejor dicho – y que, haciendo abstracción del espíritu cristiano que debería mostrar hacia aquellos que, independientemente de su orientación sexual también son hijos de Dios, carga duramente contra este colectivo al negarle derechos que son incuestionables si queremos crear una sociedad auténticamente justa y democrática.
Otra de las leyes que puso al descubierto el auténtico imaginario político del PP fue la que quería poner fin a los efectos de la guerra civil dando justa satisfacción a las demandas mantenidas por algunas asociaciones que luchaban por la recuperación de la memoria histórica y, lo más importante, a los pocos miembros vivos que aún quedan del bando que resultó “vencido” en aquella tragedia y a sus descendientes, pero a pesar de lo “descafeinada” que – para algunos – queda la Ley por la Recuperación de la Memoria Histórica, para el PP solo significaba “remover el pasado y abrir heridas que, según su particular visión, ya estaban cerradas”. Ya me he referido, en otras ocasiones, que aún quedan miles de restos de partidarios de la república enterrados en ignotas fosas comunes.
Pasando por alto, por no hacer inacabable el artículo, leyes que hacían referencia a la Educación y dentro de ella la enseñanza religiosa – lo que volvió a unir en un frente común al PP y a la Iglesia, empeñados en que este país los asuntos de Estado y de la Iglesia deben marchar siempre juntos, a pesar de lo que dice la Constitución al respecto – la Ley de Dependencia, la de Igualdad, la del Suelo, etc., todas ellas sumidas en el silencio y escamoteadas al debate de la opinión pública y a la apreciación por parte de los ciudadanos de lo que significan debido al enorme ruido y altas dosis de demagogia y mentiras utilizadas como argumentos por el PP y sus partidarios más afines como la Asociación de Víctimas del Terrorismo, la AVT dirigidas por Alcaraz – una de las varias que existen – y los mass media tales como los diarios “El Mundo”, “La Razón” y la cadena de radio de los Obispos, la “COPE”, cuando tuvieron lugar los siguientes acontecimientos:
En marzo de 2.006, la banda terrorista ETA – que venía actuando en España desde los años 60 y que cuenta entre sus acciones con cerca de 1.000 asesinatos – anunciaba “Un alto el fuego permanente” lo que abría un futuro esperanzador y la posibilidad de establecer un diálogo con la banda tendente a su desaparición definitiva. Este grupo terrorista, desde sus inicios en los años 50, siempre ha estado bajo diferentes tendencias, políticas o militares, que se han puesto de manifiesto a lo largo de sus Asambleas, en sus luchas internas, e, incluso, en el asesinato de algunos de sus dirigentes más destacados cuando optaban por el abandono de las armas como ocurrió con “Yoyes”, asesinada en 1.986 en presencia de su hijo de tan solo 3 años, o “Pertur”, desaparecido desde 1.976 y cuyo cadáver jamás fue encontrado.







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