Creo suponer, que todo aquel que me haya seguido hasta aquí habrá sacado una opinión correcta de mi imaginario y que no me será necesario “dar los gritos de rigor” – aquel que haya vivido en la dictadura franquista sabrá a qué me refiero – para, en primer lugar, declarar que no milito en ningún partido político lo que no quiere decir que mi compromiso hacia la denuncia y lucha contra las muchas injusticias que se dan en las sociedades no hagan que mi corazón esté del lado de la izquierda política; en segundo lugar, como antimilitarista que soy – he conocido tres guerras e, incluso, han disparado contra mí - me declaro en contra de la violencia terrorista venga de donde venga pero, por eso mismo, no participo de la hipócrita posición y doble moral que mantienen algunos que ven la “paja en el ojo ajeno y no son capaces de ver la viga en el suyo” o, lo que es lo mismo, olvidarse de esos llamados “actos terroristas” perpetrados en el pasado y que por esas cosa que tiene la Historia hoy son calificados como “heroica lucha patriótica” mientras que los mismos actos cometidos en otras circunstancias, son tachados de “terrorismo criminal”. Creo necesaria esta manifestación de intenciones para que pueda comprenderse bien lo que comentaré a continuación.

Tras las pasadas elecciones generales que tuvieron lugar en España el 14/03/04, un grupo terrorista – según una apreciación reciente de Miguel Ángel Rodríguez, antiguo portavoz del gobierno del PP, lo que puede dar alguna idea sobre el grado de encanallamiento al que está llegando la política española – llevó al gobierno al PSOE y como Presidente, a Rodríguez Zapatero. Este grupo terrorista estaba formado por diez millones novecientos nueve mil seiscientos ochenta y siete ciudadanos de este país que, tras los últimos cuatro años del gobierno autoritario – entre otras muchas cosas - de Aznar, estaba deseando que en España cambiasen las formas de gobierno y un nuevo aire de libertades se extendiese por el país. Un país que estaba llevando una deriva muy alejada de ese pretendido centro-reformista que proclamaba el PP en el poder y que se decantaba claramente hacia la derecha más dura con un posicionamiento favorable a las tesis de Bush y Blair conducentes a la invasión de Irak, y alejándolo de la “vieja Europa” – como se atrevió a calificar, Bus, en sentido peyorativo a Francia y Alemania por no estar dispuestas a seguirle en su aventura bélica - a pesar de ser Estado miembro de la UE.

Nada más iniciada la Legislatura el PP, desde la oposición, se decantó por un drástico enfrentamiento con cada una de las iniciativas que tomaba el nuevo gobierno y que, debido a esto, quedó completamente en solitario en los debates parlamentarios convirtiendo estos en un lamentable espectáculo plenos de incidentes, insultos, griteríos y aporreo de las bancadas por parte de “sus Señorías”.

Zapatero, puso en práctica una de sus promesas electorales, aquella que tenía que ver con la retirada de las tropas españolas destacadas en Irak ordenada por el Ejecutivo anterior – aproximadamente compuesta por 1.300 militares y que costó la muerte de 8 miembros del Centro Nacional de Inteligencia en varias emboscadas así como la de otros dos pertenecientes a la delegación española en Irak, a los que habría que sumar otos 62 militares fallecidos en un accidente de aviación, rodeado de un cruel desenlace a causa de la actuación del ministro de Defensa del gabinete de Aznar, Trillo, cuando regresaban en un Yakolev 42 de una misión en Afganistán – y que, de inmediato recibió las críticas más enconadas por parte del PP acusando al gobierno de “cobardía”, de “ceder al chantaje terrorista de al-Qaida” y de ser “la vergüenza ante la opinión internacional”, cuando la vergüenza fue la invasión y posterior situación en la que ha quedado el país con incontables daños materiales y más de seiscientos mil muertos contabilizados hasta ahora, mientras el Trío de las Azores, Bush, Blair y Aznar continúan indecentemente indiferentes a ello.

El Ejecutivo español, continuó con su programa en el que tuvo cabida la actualización del modelo territorial de las autonomías iniciándose la reforma de los Estatutos por el de Cataluña, siendo inmediatamente contestado por el PP acusándolo, en esta ocasión, de “querer romper España” expresión utilizada desde siempre por la derecha más reaccionaria de este país que es incapaz de comprender la diversidad cultural y nacional del país y empecinada en la “España única” perteneciente a la más arcaica tradición.