La Semana Santa y el Evangelio
En estas fechas, aquellos ciudadanos que puedan darse ese capricho, iniciaran un alto en sus quehaceres ordinarios y se tomaran unos días de vacaciones dejando medio despobladas las ciudades y contribuyendo a aumentar el número de habitantes temporales de las localidades de playa o de montaña en un intento de descansar las mentes ya que, la de los cuerpos, es algo más problemático que consigan a causa de las horas pasadas conduciendo en kilométricas caravanas de coches, sentados durante horas en asientos de autobuses o en pesadas esperas en aeropuertos. Unos y otros, contribuirán a dinamizar la economía del país que descansa de manera importante en el sector servicios, y establecimientos hoteleros, restaurantes y cafeterías se verán altamente concurridos así como otros locales para el ocio, mientras que las playas y las pistas de las estaciones de esquí se poblaran de gentes ávidas de Sol, en un caso, y despidiéndose de los deportes de invierno en otros.
También, en estos días, por todos los rincones del país se escucharán los ecos de tambores y trompetas, el aire se llenará de olores de cera y de flores y las oscuras noches se poblaran de huidizas sombras y se verán iluminadas por largas filas de velas y lamparillas llevadas en las manos de extrañas figuras cubiertas de largas túnicas de variados colores y coronadas con puntiagudos capuchones que permiten ver a través de rasgadas aberturas, en los mismos, los ojos de mirada nerviosa de los participantes en el cortejo que marcha, con paso lento y uniforme, tras los Pasos que, en carrozas de tracción mecánica o sobre los hombros de esforzados y anónimos costaleros, intentan mostrar al público asistente lo que fue la Pasión de Jesús de Nazaret hace más de 2.000 años en las hasta hoy día castigadas tierras de Palestina.
Estas procesiones tienen una larga tradición en nuestra tierra y remontan su origen a una Iglesia que, ante una población iletrada y analfabeta, la única forma que encontraba para explicar lo que fue la Pasión de Cristo lo hizo por medio de estas representaciones en las que los Pasos, en un principio (siglo XVI) realizados en materiales ligeros y fáciles de tratar para, más tarde, durante el Barroco, recurrir a los mejores artistas del momento, Salzillo, Antonio de Rivera, Juan de Juanes, etc., que demostrando su saber en maravillosas tallas en madera policromada, mostraban con una o varias figuras en una representación de forma teatral diferentes episodios de la Pasión.
No resulta difícil imaginar lo que debieron ser estas manifestaciones religiosas en aquellos lejanos tiempos con unas poblaciones sumidas en prejuicios y supersticiones y una Iglesia omnipresente y omnipotente y, aunque la sociedad hoy día ha adquirido un espíritu más laico y asiste a las procesiones – en su mayoría – para ver el espectáculo más que para interiorizar lo que sucedió camino del Calvario aún se puede contemplar la pervivencia de algunas de estas expresiones de la religiosidad que roza la superstición o la ortodoxia fundamentalista en la presencia de penitentes que marchan sobre ensangrentados pies descalzos, arrastrando pesadas cadenas, caminando encorvados por el peso de cruces que cargan sobre sus hombros, o azotando sus espaldas con hirientes trallas. Vestigio de este pasado oscuro y casi herético lo constituyen los Empalados. Estos penitentes cargan sobre sus hombros un timón de arado sujeto por una cuerda de esparto que le envuelve los brazos y el torso desnudos, caminan descalzos y cubren su rostro con un paño blanco sujeto a la cabeza por una corona de espinas; de cintura para abajo llevan una enagüilla blanca y delante de él marcha un Cirineo portando una lamparilla. Podría decirse que el medioevo se asoma a nuestros días.
En estas procesiones se aúnan los poderes temporales y el divino y no resulta extraño ver caminando junto a imágenes de valiosa talla y cubiertas de oro, plata y joyas a las autoridades civiles locales, al clero y a representaciones del ejército o de la guardia civil que marchan, fusil al hombro, custodiando los pasos. Sinceramente, y respetando toda creencia y opción religiosa, soy de los que se acercan más a lo dicho por Antonio Machado, con más razón después de las medidas tomadas por el Arzobispo de Madrid contra una parroquia de barrio y sus tres sacerdotes dedicados, desde hace años, a la función evangélica con gente humilde, marginados, emigrantes pobres y toda clase de personas necesitadas de amor y de comprensión, labor notablemente diferente a la que nos tiene acostumbrado Monseñor dedicado con fruición a bodas y bautizos de la familia real. ¡ Que forma tan diferente de interpretar un mismo Evangelio!
.......
La Saeta:
..........
Dijo una voz popular:
Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar.
Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz.
Cantar de la tierra mía
que echa flores
al Jesús de la agonía
y es la fe de mis mayores
!Oh, no eres tú mi cantar
no puedo cantar, ni quiero
a este Jesús del madero
sino al que anduvo en la mar!.
”








Rosana dijo
Tu lo dices " Que forma tan diferente de interpretar un mismo Evangelio!
Realmente hay cosas que se acaban de comprender , todo ha perdido su sentido original , es una pena
por mi parte me quedo con: Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Saludos Jose
gracias por tus comentarios en mi espacio
3 Abril 2007 | 12:17 AM