Miguel Hernández, “Poeta del Pueblo”. In Memoriam.

A Miguel Hernández lo asesinaron, no de golpe /como del rayo/ como él mismo dijo cuando se fue su amigo Ramón Sijé / a quién tanto quería/ lo hicieron lentamente, enfermo de tuberculosis pulmonar aguda en una España enferma de odios y venganzas, un crimen que dio comienzo un 18 de enero de 1940 cuando le condenó a muerte en Consejo de Guerra Sumarísimo un Tribunal Militar en un proceso kafkiano y sin garantías ni derecho a recursos contra la sentencia y en el que, tanto el Fiscal como el defensor, eran militares y este último no intervino hasta que le presentaron los autos, por término medio, tres horas antes de la celebración del juicio. Se le acusaba “por rebelión militar continuada”, delito por el que eran condenados comúnmente los militares y civiles que habían sido leales a la república, por aquellos que sí se habían levantado en golpe militar contra su legalidad democrática y entre cuyos “hechos probados” figuraba el haber sido “poeta de la revolución” dando conferencias y mítines contra el ejército del bando vencedor, haber escrito versos a favor de las fuerzas republicanas y haber figurado como “Comisario Político” – en realidad, fue Comisario Cultural – En este juicio se le aplicó, de forma retroactiva, la Ley recogida en los artículos 237 y 238-2, del Código de Justicia Militar de 1.898, y un Decreto de la Segunda República de 1.931. Por lo tanto, se le aplica y condena por una Ley anterior al inicio de la guerra civil, ¡¡Así era la justicia del criminal Franco!!,Un Consejo de Guerra que, en 90 minutos, se juzgó la vida y la muerte de 29 personas, más de la mitad de ellos condenados a la pena capital.

Un crimen que se dio por concluso a la 5,30 de un Sábado Santo, 28 de marzo 1942, en la enfermería del Reformatorio para Adultos de Alicante, después de pasar por diversas cárceles y tras habérsele rebajado su condena por la inmediata inferior gracias a la intervención, posiblemente de Cossio, los falangistas Sánchez Mazas y José M. Alfaro, y la actuación directa del general Varela, que convence a Franco cuando este tenía ya frente a él la firma de la sentencia a muerte. Se dice que, Franco, no quería por razones de propaganda negativa otro Federico García Lorca. La salud de Miguel Hernández, hombre de naturaleza débil, fue minándose en su periplo carcelario a causa de las condiciones de estas, sobre-pobladas de reclusos hambrientos y en condiciones de salubridad infames, siendo abandonado a su suerte, sin atención médica alguna y desoyendo las recomendaciones de los médicos de trasladarle al Sanatorio Antituberculoso de Porta Coeli, en Valencia.

El poeta había nacido en Orihuela en el seno de una familia humilde/ a los golpes destinado / de una tierra descontenta/ y desde muy niño – como ese niño yuntero de su poema - tiene que ayudar en su casa como cabrero hasta que a los 8 años es aceptado como “alumno de bolsillo pobre” en un colegio de Jesuitas en donde realiza estudios hasta los 14, edad a la que retorna junto a sus cabras.

Nace en una España envilecida de la que puede dar testigo las palabras de otro poeta insigne, Antonio Machado:

En un número conjunto de la prensa soriana publica, Antonio Machado, un importante artículo, titulado «Nuestro patriotismo y La marcha de Cádiz», donde uniendo el recuerdo de la conmemoración del 2 de mayo de 1808, afirma:

“Acaso el golpe recibido [la pérdida de las colonias en 1898] nos pondrá en contacto con nuestra conciencia. Por lo pronto, nuestro patriotismo ha cambiado de rumbo y de cauce. Sabemos ya que no se puede vivir ni del esfuerzo, ni de la virtud, ni de la fortuna de nuestros abuelos [...]. Somos los hijos de una tierra pobre e ignorante, de una tierra donde todo está por hacer. He aquí lo que sabemos. [...] Sabemos que la patria es algo que se hace constantemente y se conserva sólo por la cultura y el trabajo. El pueblo que la descuida o abandona, la pierde, aunque sepa morir. Sabemos que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra; que no basta vivir sobre él, sino para él; que allí donde no existe huella del esfuerzo humano no hay patria, ni siquiera región, sino una tierra estéril, que tanto puede ser nuestra como de los buitres o de las águilas que sobre ella se ciernen. [...] No sois patriotas pensando que algún día sabréis morir para defender esos pelados cascotes; lo seréis acudiendo con el árbol o con la semilla, con la reja del arado o con el pico del minero a esos parajes sombríos y desolados donde la patria está por hacer [La Prensa de Soria al 2 de Mayo de 1808, Soria, 2 mayo 1908; en Antonio Machado, Prosas dispersas (1893-1936), Madrid, Páginas de Espuma, 2001, pp. 224-25/” .

Y, en carta dirigida a Unamuno:

Esta Baeza, que llaman Salamanca andaluza, tiene un Instituto, un Seminario, una Escuela de Artes, varios colegios de 2.ª enseñanza y apenas sabe leer un 30 por ciento de la población. No hay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. Es la comarca más rica de Jaén y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta. La profesión de jugador de monte se considera muy honrosa. Es infinitamente más levítica que el Burgo de Osma y no hay un átomo de religiosidad. Hasta los mendigos son hermanos de alguna cofradía. Se habla de política —todo el mundo es conservador— y se discute con pasión cuando la audiencia de Jaén viene a celebrar algún juicio por jurados. Una población rural encanallada por la Iglesia y completamente huera. Por lo demás, el hombre del campo trabaja y sufre resignado o emigra en condiciones tan lamentables que equivalen al suicidio”.

¡Qué enorme diferencia de este sentir de la Patria descansando en el esfuerzo y el trabajo, y el de los militares, zafio y cuartelero, embrutecidos en guerras coloniales plagadas de muertos y corrupción! ..... ¡Y, qué exacta radiografía de una España analfabeta, estancada en la Historia por la influencia de una Iglesia oscurantista y abandonada por una monarquía indigna!

Esta es la España que la República quiso poner en pie, y este es el pueblo al que intentó dar los medios para que adquiriese un educación que le sirviese para ser libre, por ello, ambos poetas – sensibles y comprometidos con la justicia social – apostaron sin dudarlo por la República y, por ello también, se jugaron su suerte a la de ella.

El joven Miguel, entretiene sus horas de pastoreo en la lectura de Rubén Darío, Gabriel y Galán, Zorrilla y da inicio a sus primeros ensayos en la poesía e interviene en una reunión literaria junto a unos amigos en Orihuela, allí es orientado por José Marín Gutiérrez (Ramón Sijé) y del canónigo de la catedral, Luis Almarcha, entrando en contacto con el Siglo de Oro Español, Garcilaso, Góngora, Lope, Cervantes y Calderón al mismo tiempo que Juan Ramón y Antonio Machado. En 1.931 viaja a Madrid animado por sus amigos pero no consigue encontrar un trabajo y se ve obligado a regresar a Orihuela.

Debido a los años con los Jesuitas y la lectura de Calderón su orientación es religiosa y publica en “Cruz y Raya” un auto-sacramental, “Quién te ha visto y quién te ve” lo que le permite ser conocido en su segundo viaje a Madrid, en 1.934. Conoce a Cossío que le proporciona trabajo para su enciclopedia “Los Toros” y conoce a otros poetas, Pablo Neruda, Aleixandre, Altolaguirre, Alberti, Cernuda y la filósofa, María Zambrano, recibiendo de estos su influencia y concienciación política.

Al iniciarse la guerra civil, su condición de persona humilde y conocedora de las penurias y miserias de la clase trabajadora le hacen presentarse como voluntario en el 5º regimiento mostrando una gran voluntad tanto en esfuerzos físicos como literarios en la defensa de la República por lo que se le da el cargo de Comisario Cultural. Asiste en Moscú a un Festival de Teatro y a su regreso contrae matrimonio civil con Josefina Manresa, hija de una cabo de la guardia civil muerto poco antes en un tiroteo con milicianos, recorriendo a continuación diferentes frentes de guerra.

En 1.937, nace un hijo que fallece poco después lo que provoca en el poeta una crisis de estilo. Al finalizar la guerra, en 1.939, intenta pasar a Portugal siendo detenido en la frontera y entregado a la policía española que lo lleva, preso y torturado, a Madrid en donde pasa unos meses encarcelado sufriendo toda clase de vejaciones, entre ellas, la obligación de cantar tres veces al día el “Cara al Sol” – el himno de la Falange fascista - hasta que, inesperadamente y seguramente a causa de un error administrativo, es puesto en libertad.

Regresa a Orihula para verse con su mujer y su segundo hijo y es detenido de nuevo y juzgado por el Tribunal Militar que hemos señalado. Miguel y Josefina se casaron por la iglesia el 4 de marzo del año de su muerte.

La obra literaria de Miguel Hernández se inicia con un estilo culterano y de tendencia al neogongorismo que pone de manifiesto en sus primeras obras, en “Perito en lunas” y en “El rayo que no cesa”, esta última hace referencia a los desengaños amorosos del poeta, para pasar a un estilo menos culto pero de gran intensidad social como en “Vientos del pueblo”. Según, él mismo dice: “Los poetas somos vientos del pueblo, nacemos para pasar soplados a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas”.

Este sentimiento de clase y de denuncia de la injusticia social que vive España la expresa con todo dramatismo:

"Han pasado mis ojos por los pueblos de España: ¿qué han visto? Junto a los hombres tristes y gastados de trabajar y mal comer, los niños yunteros, mineros, herreros, albañiles, ferozmente contagiados por el gesto de sus padres: los niños con cara de ancianos y ojos de desgracia."

Prueba de esto, es su obra “El niño Yuntero

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

M. Hernández

Versos de enorme crudeza y de un gran dramatismo y reflejo de la realidad en donde denuncia el trabajo al que se ven obligados – como le ocurrió a él mismo – los niños pobres en aquella España de miserias.

Las composiciones de Miguel Hernández reflejan un alto sentido de compromiso social y de lucha ante las injusticias, y muy particularmente en las “canciones de guerra”, escritas la mayoría de ellos en las trincheras de los frentes que recorrió, frente al enemigo y “sintiendo en la piel” la vida del soldado en campaña.

Es por ello, por este compromiso y por este ánimo de lucha y de sacrificio que, en cierta ocasión que regresa del frente a Madrid, se presenta en el Ateneo y encuentra allí una pequeña fiesta en la que participan políticos y otros intelectuales, lo que, dado el cariz que tomaba la guerra y los esfuerzos que esta exigía, hace que Miguel Hernández entre en cólera y diga a los allí reunidos: “Esto está lleno de p... y de m...” que le supone recibir una bofetada de la mano de la esposa de otro poeta que asiste a la fiesta ( y, que, por razones de no herir su recuerdo, mantendremos en secreto) Palabras que en el poeta no son ofensivas sino que representan la denuncia de una realidad, mientras que él no elude el compromiso y la lucha exponiendo su vida en el frente otros viven tranquilamente en la retaguardia. Esto se verá, una vez más, al finalizar la guerra, mientras que él es apresado, encarcelado y dejado morir completamente abandonado muchos otros cruzaron la frontera y, aunque sufrieron el exilio, consiguieron sobrevivir.

El franquismo quiso, además de asesinarlo, ahogar en silencio su obra y durante años esta solo fue conocida por una mínima parte del pueblo pero, como siempre ocurre, la palabra termina venciendo a las armas y hoy día, su sacrificio y el valor literario de su obra se ha impuesto y alcanza el lugar que merece en la Historia de España.

Los restos del poeta se encuentran, junto a los de su esposa y los de su último hijo, en un sencillo nicho. ¡¡Descansen en Paz!!