Hoy, 19 de marzo, se celebra tradicionalmente en España el día del padre y con estas líneas quiero recordarles a ellos, pero no a todos, no a los que recibirán de sus pequeños hijos regalos y cartas de amor filial escritas con letra temblorosa, insegura y propia de su corta edad, o dibujos con múltiples rojos corazones y figuras más o menos esquematizadas bajo las que tal vez se pueda leer ... mamá, .. papá y .. yo. No, esos padres disfrutarán plenamente del día, lo celebraran en casa o tal vez acudan a un cine o a una hamburguesería y tomaran fotografías que pegarán en el álbum de recuerdos para poder tener la satisfacción de rememorar el día de mañana cómo eran aquellos locos bajitos, aquellos enanos antes de darles los quebraderos de cabeza que le dan hoy día, cuando han alcanzado la adolescencia y están preparándose para volar fuera de casa.

Mi recuerdo va hacia todos aquellos que no podrán tener hoy esa alegría, esa satisfacción personal porque el odio, la maldad o el rencor no es tan solo privativo de los hombres sino que también afecta a las mujeres y hay un grupo de estas que lo usaran para que estos padres sufran, en el día de hoy más que nunca la separación de sus hijos , el dolor de no contar con la compañía y presencia de ellos. ¿Cuántos, ..10 ..100...1.000 ....? ¡Qué más da el número, ya sea este grande o pequeño! El hecho es que resulta una realidad, insoportable y amarga realidad para aquellos padres separados o divorciados a los que sus ex les condenan a ser padres sin hijos ya que aprovechándose de que el juez de turno les ha otorgado el derecho de la custodia de los hijos los usan como ariete de sus pequeñas venganzas personales o de sus grandes mezquindades contra sus ex-maridos o ex –compañeros.

Entiendo que es un tema suficientemente injusto y cruel y no quiero extenderme más en él, tan solo recordar que está ahí, que no es una invención y que los hombres, ciertos hombres, también tienen su corazón y lloran y sufren por esta injusticia, .... para ellos y para todas las buenas madres van estos versos que un día escribió otro padre a su hija, versos de enorme amor y que Paco Ibáñez llevó a una preciosa canción.

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Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno,
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

José Agustín Goytisolo (Palabras a Julia)