En el mes de noviembre de 1975 un sistema político obsoleto, opresor y cruel agonizaba al mismo tiempo que lo hacía su artífice, un anciano decrépito amarrado a tubos y máquinas en un vano y absurdo intento de detener lo inevitable mientras que todo un país aguantaba la respiración esperando el desenlace final de aquel al que nunca le tembló la mano al firmar las numerosísimas penas de muerte que pasaron ante él
Mientras esto ocurría, negros nubarrones de incertidumbre se cernían sobre nuestra Nación impulsados por los oscuros y a veces poco éticos vientos de los intereses geoestratégicos de aquellos a quienes hasta el día anterior se habían tenido como amigos y el gobierno de entonces, acusando un vacío de poder, incapacidad para enfrentarse a los problemas de Estado y desconcierto creciente no sabía a qué prestar más atención si, a la presión interna de la oposición democrática que pugnaba por salir de las catacumbas y hacerse con un lugar bajo el Sol o, a las diferentes corrientes del exterior que le obligaban a seguir una senda de deshonor y de traición para con una tierra y una población que durante años había formado parte íntima de nuestro territorio y que, a más más, era el único pueblo árabe que hablaba el idioma español: el Sahara Occidental y el pueblo saharaui.
Por todo ello no resultaba extraño que dicho gobierno se viese envuelto en un extraño baile en el que se daban dos pasos hacia delante y otros dos para atrás, lo que se decía un día se desmentía al siguiente, se realizaban promesas de lealtad a unos y al mismo tiempo se negociaba con el contrario, se ordenaba al ejército firmeza y, en secreto, se abordaban planes de evacuación y, en el colmo de los despropósitos, se comprometía la imagen del heredero a la Corona haciéndole realizar un viaje al ojo del huracán para decir cosas en las que ya nadie creía.
Toda esta sinrazón y podredumbre política – espejo de la realidad histórica y del peso político internacional de nuestro país durante los casi 40 años que estaba durando la dictadura franquista - finalizó, como tantas otras veces en nuestra historia, con la pérdida de territorios, nuestros intereses dañados, el abandono a un pueblo hermano y el descrédito ante la opinión internacional. ¡Alea jacta est! Y los Acuerdos de Madrid lo confirmaban..
Reunidos en esta ciudad los representantes de España (entre los que, curiosamente, se encontraba el de los intereses del Rey de Marruecos), Marruecos y Mauritania se dejaban al margen los del pueblo saharaui y los del Sahara Occidental y se entregaba a manos de estas dos naciones la dignidad y los deseos de soberanía de todo un pueblo al que, por ética y responsabilidad, deberíamos haber sabido defender con más interés y fortuna, unos acuerdos que contaban con cláusulas políticas pero también económicas secretas que no estaría mal poder conocer algún día.
Olvidándose de lo que se había dicho en las Sesiones sobre Descolonización en la ONU, de lo que se había prometido y garantizado a los representantes del Sahara Occidental y no atendiendo a las recomendaciones de este organismo, árbitro de los conflictos internacionales, asistimos mirando hacia otro lado mientras se tensaba la cuerda con una Marcha Verde perfectamente organizada en su aspecto logístico (Algo que debería, cuando menos, levantar ciertas sospechas sobre quién se encontraba tras ella) y se realizó la transferencia de poderes a los representante militares y civiles de Marruecos y Mauritania mientras tenía lugar , al mismo tiempo, los primeros actos de violenta represión sobre la población saharaui, población que se vio obligada a exiliarse al sudoeste de Argelia confinándose en campamentos situados en lo más inhóspito del desierto del Sahara y dar inicio a un conflicto armado con los países que ocupaban manu militari su territorio (Del que se retiró al poco Mauritania, cediendo a Marruecos la parte del pastel que le correspondía en el inicuo reparto) y que se prolongó durante 16 largos años.
Pasados ya más de 30 años de aquellos hechos la situación sigue pudriéndose y, al igual que ocurre con otro pueblo olvidado y abandonado, el Palestino, se pretende que el tiempo sirva para legitimar los hechos consumados, por un lado, minando la esperanza y la resistencia del pueblo saharaui ante el sufrimiento prolongado y penurias al que se ve sometido en los campamentos de Tinduff; esperando a la desaparición biológica de los lideres más activos y comprometidos y que sean reemplazados por otros “más manejables y a que el movimiento de personas de origen marroquí que esta llevando a cabo el Reino Alauita a territorios del Sahara Occidental sirva para poder modificar la relación respecto a la población autóctona y sirva para falsear los Censos en el remoto supuesto de que algún día se lleve a efecto el mandato de la ONU de realizarse un referéndum para dictaminar el futuro del Sahara Occidental, referéndum constantemente demorado para mayor interés de Marruecos y referéndum que está a punto de enviarse al baúl de los recuerdos ya que ahora se habla de un proyecto de Autonomía restringida dentro de la Nación Marroquí lo que no es otra cosa nada más que la asimilación del Sahara Occidental y de su pueblo por otros medios.
Mientras unos y otros se hacen los sordos ante las justas reclamaciones de los representantes del pueblo saharaui estos siguen padeciendo todo tipo de insuficiencias en los campamentos y dentro del territorio del Sahara Occidental se cometen violaciones de los Derechos Humanos con la población autóctona por parte de la administración alauita poniendo en evidencia, una vez más, la doble moral e hipocresía del mundo occidental y de la inoperancia de las Naciones Unidas, tal vez estaremos esperando a que las posiciones se radicalicen y se entre otra vez en la espiral de violencia que lleve a una nueva confrontación armada y así obtengamos la justificación de acusar de terroristas a los que únicamente son defensores de su libertad y la soberanía de su territorio, algo que todos nos vimos obligado a realizar alguna vez en nuestra historia.







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