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La Coctelera

La Vida ....... El río que nos lleva.

11 Noviembre 2009

Una, de Espías ( IV.a )

 

Continuemos introduciéndonos en este guión merecedor de ser firmado por cualquiera de los autores ya señalados:

Las últimas verdades sobre el agente Galíndez

JOSÉ LUIS BARBERÍA

Han pasado ya 46 años (en el momento del presente artículo), pero Galíndez se resiste a desaparecer en los sumideros de la historia. Ahora, que ya casi no quedan protagonistas directos de aquellos hechos, surgen nuevamente publicaciones, novelas, biografías, películas de ficción y documentales que, como el que se estrena estos días en San Sebastián, interpelan más certeramente sobre el doble misterio de su ambigua personalidad y de su impune asesinato. ¿De dónde surge este renovado interés por el asunto? ¿Qué clase de atracción despierta ese nacionalista vasco nacido en Madrid, hombre de confianza del lehendakari José Antonio Aguirre y cualificado informador de los servicios secretos norteamericanos? ¿Hasta dónde llegó la amplia red vasca de espionaje desplegada contra el nazismo, primero, y el comunismo, después, que el PNV puso en manos de Estados Unidos?

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1) Galíndez. 2) Director FBI Hoover. 3) Trujillo. 4) Trujillo y Nuncio Vaticano.

Todo apunta a que el 'mártir antifranquista' del nacionalismo vasco fue sacrificado en el altar mayor de la guerra fría cuando el peligro comunista sustituyó como fantasma al derrotado nazismo y el Gobierno norteamericano pactó con el régimen de Franco en un elocuente ejercicio de la máxima: 'El enemigo de mi enemigo es mi amigo'. Pese al manto de silencio y olvido que cubre aquellos años, sólo los más visceralmente anticomunistas de los dirigentes nacionalistas vascos dejaron de interpretar el comportamiento norteamericano como la traición de la potencia en la que habían depositado todas sus esperanzas y muchos de sus mejores hombres. El caso Galíndez representa en el PNV la historia de un monumental fracaso; la tragedia culminante de una etapa turbia, poco honorable también, que suscitó algún remordimiento y no pocos problemas dentro del restringido círculo de dirigentes instalados en el secreto. Jesús Galíndez desapareció sin dejar rastro, la víspera, precisamente, de que la bandera franquista ondeara por primera vez en la sede de las Naciones Unidas, algo a lo que él y su partido se habían opuesto denodadamente.

1) Coche familia Trujillo. 2) Brandy español especial para Trujillo. 3) Vajilla de oro trujillo. 4) Regalo de Franco a Trujillo. 5) Yate de Ramfis Trujillo.

Material gráfico: Raifis Genao.

 

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11 Noviembre 2009

Una, de Espías ( III.c )

 

Pero mata demasiado. Para borrar las huellas del asesinato de Galíndez, liquida al piloto norteamericano que lo había trasladado a República Dominicana y más tarde al oficial del ejército dominicano que había dirigido las sesiones de interrogatorio y tortura. Lo primero le costó un cambio de actitud por parte de la Administración norteamericana una vez desaparecidos los Eisenhowers y demás ralea, y lo segundo le costó la vida, porque un hermano del oficial dominicano liquidado participó en el golpe que consiguió derrocarlo y asesinarlo. A partir de esta historia en torno a un héroe impuro como Galíndez escribí una novela de amor y terror, en parte con ayudas documentales que me proporcionó en Santo Domingo el formidable editor José Israel Cuello, más tarde también asesor de Vázquez Rial y de Vargas Llosa. Nada más publicarse mi novela, cuyo verdadero protagonista es una profesora norteamericana, Muriel, radicalmente liberal e indagadora de la tragedia Galíndez, tuvo pretendientes cinematográficos deslumbrantes, como ya me había ocurrido con Los mares del sur, que estuvo a punto de ser dirigida por Losey con guión de Cabrera Infante. Ahora, Gerardo Herrero se ha atrevido a poner en imágenes una de las novelas contemporáneas más premiadas, fuera y dentro de España, y por tanto más difíciles de traducir a imágenes asumibles por parte de la memoria receptora. El guión resume años de trabajo en los que aparecen guionistas ilustres, y retengo a Azcona porque me encanta almorzar con él para hablar de literatura. Los actores fijarán los sistemas de señales literarios que me atreví a proponer, y agradezco a Herreros que, entre tanto cierto selectivo, comprendiera que Muriel sólo pudiera ser Saffon Borrows, la señorita Julia de Strindberg, versión Mike Figgis, que estos días hemos podido ver en los más sutiles canales de Canal Plus".

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Franco y Trujillo. Los Tiranos se abrazan como hermanos.

Material gráfico: Raifi Genao.

Llegados a este punto de la historia, comprendemos que debajo de las calles por las que transitamos los ciudadanos anónimos existe un mundo de cloacas habitado por individuos que visten uniformes militares, trajes de firma o simplemente anodinos ropajes y que con la excusa de servir altos intereses patrios o inconfesables ambiciones personales conspiran, traicionan, roban e incluso, asesinan. Una intrincada red de cloacas cuyas bocas, indefectiblemente, nacen en los alfombrados despachos de nuestros líderes nacionales o en los suelos de mármol de sus instituciones al servicio de la llamada Seguridad Nacional. Líderes de un Sistema -ya sea de un color u otro- que han alcanzado tan privilegiada posición gracias a nuestros votos, líderes a los que aplaudimos y jaleamos, líderes que, como podemos apreciar por esta rocambolesca y trágica historia, nos mienten y se aprovechan de nuestra buena fe, y al mismo tiempo que ellos dan la espalda a los principios éticos más fundamentales exigen de nosotros el más exquisito de los comportamientos e, incluso, el sacrificio de nuestras vidas en la defensa de unos intereses que como vemos tienen muy poco que ver con los nuestros propios.

M. Vázquez Montalbán.

 

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9 Noviembre 2009

Una, de Espías ( III.b )

(.....)

M. Vázquez Montalbán.

Treinta años después empecé a escribir la novela. ¿Quién era Galíndez? Un profesor vascomadrileño, vasquista convencido, colaborador de Irujo en el Ministerio de Justicia durante la guerra civil y dedicado sobre todo a salvar monjas vascas de los excesos anticlericales. Exiliado en Francia, en República Dominicana, donde llegaría a ser preceptor de uno de los príncipes Trujillo y asesor del sindicalismo dominicano, más tarde en Nueva York se convierte en una pieza clave del PNV en América Latina y en la conexión del Partido Nacionalista Vasco con los servicios secretos norteamericanos: la OSS, el FBI, la CIA. Desde las alturas del PNV, Aguirre e Irala dirigen la colaboración entre servicios secretos, a veces pasando información sobre la izquierda española o puertorriqueña, a la espera de que EE UU cumpla lo prometido: cargarse la dictadura franquista. Profesor de la Columbia University, Galíndez trabaja en la ONU para impedir la legalización de la España de Franco, al lado de un exiliado notable que también ha pasado por Santo Domingo, el capitán Durán, protagonista de Soldados de Porcelana, de Vázquez Rial, personaje tan valorado por Alberti y por Jaime Gil de Biedma. La noche en que Galíndez tiene que admitir la traición de los Estados Unidos de Eisenhower y los hermanos Dulles, y el ingreso del franquismo en la ONU, escribe una de sus mejores páginas, lo que tiene su mérito porque no era demasiado buen escritor. Dejémoslo en correcto o suficiente

1) Galíndez y Vela Zaneti. 2) Torturadores. 3) Ciudadanos torturados.

 Desde su experiencia dominicana ha escrito un libro denuncia contra Trujillo, va a publicarlo y recibe toda clase de presiones para no hacerlo. Incluso propuestas económicas de ensueño. Galíndez es más fiel a Euskadi que a la República Española o a sus republicanos exiliados, pero sobre todo es fiel a la imagen que tiene de sí mismo y finalmente publica un libro que le costará la vida. ¿Qué factores de prepotencia inducen a Trujillo a realizar el secuestro y la desaparición de un profesor y político relativamente conocido? En la génesis de Trujillo en República Dominicana o de un Somoza en Nicaragua o de un Pérez Jiménez en Venezuela o de Castillo Armas y Ríos Montt en Guatemala está la inseguridad de las clases dominantes y el respaldo de Estados Unidos a regímenes de fuerza muy primitivos que impidieran los desórdenes y favorecieran su dominación económica en los más fríos tiempos de la guerra fría. Los militares concuerdan con oligarquías a su vez teledirigidas por los intereses de las grandes compañías extranjeras. Sobre este sustrato intervencionista germina la gran coartada de la lucha contra la subversión en tres contextos sucesivos, antes, durante y después de la guerra fría, a cargo de militares formados para este fin a los que se les garantiza la impunidad, sea cual sea el procedimiento que empleen para destruir al enemigo; incluso se les enseña en Panamá a torturar y exterminar científicamente. Trujillo tenía su lobby en el mismo Washington, controlaba a sectores de la Administración, de la policía, de los medios de comunicación norteamericanos, y contaba con el todopoderoso senador McCarran como uno de sus validos. Éstos eran sus poderes.

1) Tratado Cordel-Hull. 2) Llave de Miami. 3) Homenaj Congresistas norteamericanos.

Material gráfico: Raifi Genao.

 

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9 Noviembre 2009

Una, de Espías ( III.a )

 

Continuemos siguiendo las pistas que nos llevarán al desenlace final de la tragedia. Y hagámoslo, cómo en el caso anterior, de la misma mano, en esta ocasión en un artículo publicado en el diario El País el 22 de septiembre de 2002 y en el que nos anuncia la versión cinematográfica de su novela "Galíndez" que llevará a cabo Gerardo Herrero bajo el título de "El héroe impuro".

Menciona V. Montalbán ese cáncer que corroe a las Repúblicas de la América Latina, el de las Dictaduras militares que ahogan económica y políticamente a sus pueblos y diezman a sus gentes al mismo tiempo que benefician a las oligarquías dominantes, y pone un dedo en la yaga al señalar la razón del mismo. Los Trujillo, Somoza, Castillo Armas, Duvalier, Batista, Maximiliano Hernández, Videla, Pinochet, Garrastazu y tantísimos otros no serían lo que fueron si no hubiesen tenido detrás de ellos a los EE. UU. como amigo y soporte a sus muchos desmanes y crímenes, e incluso no pocos de ellos o de sus oficiales en el Ejército aprendieron de tácticas de lucha, de campañas de desinformación y de "eficaces" interrogatorios en las Escuelas Militares en USA o en la tétrica Escuela de las Américas en Panamá; se sirvieron de Asesores militares o de la CIA norteamericanos y emplearon armas suministradas por el amigo del Norte. La supuesta en la actualidad primera Democracia del mundo no se anda con chiquitas a la hora de actuar en contra de regímenes de tinte izquierdista -casos de Cuba, Chile, El Salvador o Guatemala- pero no tiene empacho alguno colaborando, protegiendo y dando ayuda militar y financiera a otros regímenes dictatoriales de derechas aunque estos estén cubiertos de sangre y la razón no es otra que la defensa de sus intereses económicos y geoestratégicos por encima de cualquier consideración moral. Pero, sigamos tirando del hilo:

1) Pío XII y Trujillo. 2) EE.UU. rinde honores a Trujillo. 3) Nixon transmite saludos Eisenhower a Trujillo.

Material gráfico: Raifi Genao.

"He calificado a veces a Rafael Leónidas Trujillo, el dictador de la República Dominicana, como uno de nuestros demonios promocionales, meritorio demonio si tenemos en cuenta que teníamos a Franco tan cerca. Si Franco era la caricatura de Mussolini, Trujillo, como más tarde Pinochet, era la del mismo Franco y se inscribió en el olimpo de los dictadores pintorescos a la espera de que yo le dedicara Galíndez en 1990 y Mario Vargas Llosa La casa del chivo en el año 2000. La literatura ha contribuido a fijar la tipología de dictadores latinoamericanos, y ahí están el Tirano Banderas de Valle-Inclán, el Nostramus de Conrad, El señor presidente de Miguel Ángel Asturias o Yo, el Supremo de Roa Bastos, como un cuarteto suficientemente expresivo de la obsesión que escritores importantes han sentido por los tiranos situados entre el surrealismo y la hiperrealidad.

Trujillo convierte su tiranía sobre la República Dominicana en un espectáculo tragicómico, en el que la comicidad la aporta él mismo nombrando mariscal a su hijo de siete años, y la tragedia también, cuando asesina a sus antagonistas políticos a palos o alarga su mano hasta el extranjero para ordenar que sea tiroteado y atropellado en México su ex asesor Almunia, un gallego del PSOE, también exiliado tras la guerra civil. O secuestra en Nueva York, nada menos que en la Quinta Avenida, junto al Village, al profesor vasco Galíndez, lo traslada a la República Dominicana, lo tortura y lo arroja a los tiburones. Estos hechos ocurrieron en el Nueva York de Gene Kelly y Frank Sinatra en el invierno de 1956, apenas los dio, mistificados, la diplomacia y la prensa franquista, y yo los recibí a través de toda clase de clandestinidades a lo largo del curso 1956-1957.

1) Trujillo Gran Collar de la Democracia. 2) Ramfis general con 6 años. 3) Angelita reina de la Feria de la Paz.

 

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9 Noviembre 2009

Ventana de Opinión

 

La Democracia Prudente

Juan Carlos Monedero

Público  7 de Noviembre d 2009

El fallecimiento, a los 91 años, del general Sabino Fernández-Campo, ha logrado que la prudencia, ejemplificada en su trato agradable, sea una vez más presentada como la virtud principal de la democracia. Prudencia entendida como amabilidad, pero también como información limitada, como desmovilización de la queja, prudencia para cambiar lo mínimo con el fin de que las cosas no muden en exceso.

A nadie beneficia el descrédito de los políticos, se repite. La tarea del juez Garzón procesando a políticos ladrones no sería sino uno más de sus atentados contra la prudencia. Como si detrás de los políticos actuales sólo cupiera el precipicio. Gürtel y Santa Coloma serían señales de una sociedad enferma, no de una clase política herida de posfranquismo. Deben tratarse, pues, con suma prudencia. La prudencia sólo sopla en una dirección. Una autoamnistía permanente brindada a sí mismos por aquellos que tienen prudentes puntos de vista sobre la inconveniencia de dar excesiva participación a pueblos interesados en otros menesteres.

Sabino Fernández-Campos era, nos recuerdan, pura prudencia. Cuando murió la secretaria de Dolores Ibárruri, Irene Falcón -combatiente por la República, perseguida, presa, torturada, exiliada- los medios callaron. Esa misma semana moría la madre del rey Juan Carlos. Toda la prensa alabó su esencial papel durante la Transición (habría logrado que el rey hablara con su padre, al que no le hacía mucha gracia perder su empleo en favor del hijo). Formas de construir la historia. Los que lucharon por la democracia se han estado marchando uno a uno en estricto silencio. Para despedirse a paso de vencedores, aún hoy, es necesario haber pertenecido al otro bando.

Una valoración se ha repetido del general que un día se levantó contra el Gobierno republicano: "Discreción, lealtad y prudencia". Fue un militar que durante toda su vida -incluso en democracia- defendió la conveniencia del golpe que sumió a España en una guerra civil y desembocó en una dictadura militar durante cuatro décadas (a la que sirvió puntualmente en el Ministerio del Ejército). Sus grandes hitos democráticos consistieron en frenar información sobre la disonancia cognitiva entre la práctica y la teoría católica, apostólica, romana y matrimonial de la Casa del Rey; en tapar indiscreciones sexuales, sentimentales o económicas de ese entorno; en gestionar las lucrativas amistades del rey -Alberto Cortina, Alberto Alcocer, Javier de la Rosa, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Mario Conde- y en construir las necesarias y prudentes distancias cuando esas mismas amistades se convertían en peligrosas.

Le debemos, dicen, la frase que detuvo el golpe del 23-F. Alfonso Armada, ex preceptor del rey y secretario general de la Casa del Rey, ni estaba ni se le esperaba la noche del 23-F en la Zarzuela. ¿Es que tenía sentido lo contrario? ¿Por qué quería reunirse con el rey? Y en definitiva ¿tiene tanto poder una frase? Ante las dudas, ¿no sería más saludable para la democracia española que Fernández-Campos hubiera contado todo lo que sabía? Prudencia.
Las democracias se construyen sobre palabras, no sobre silencios. Por eso la memoria es un oficio de palabras y, como el lenguaje, es colectiva. Los olvidos se alzan sobre el silencio de los cementerios y sobre la violencia de la exclusión. La democracia, incluso, es un grito. De ahí el Discurso fúnebre de Pericles, el de Bolívar en Angostura, Lincoln en Gettysburg, Azaña y su Piedad y perdón, Gandhi y su no violencia, la resonante voz anticolonialista de Guevara en la ONU o de Mandela ante sus jueces-carceleros. Quien hurta información a los pueblos quizá sea prudente, pero está por demostrar que sea demócrata.

La democracia española, desde la Transición, viene guardando silencio y obligando a impostar la voz para lograr un espacio público. Han hecho falta 30 años para entender que el medio de comunicación por excelencia de la Transición era, sobre todo, un negocio. Hemos guardado silencio respecto de los 150.000 patriotas asesinados por Franco y que están enterrados en campos y cunetas; guardado silencio sobre el éxito del 23-F, que disciplinó a la España indómita, sentó las bases para la mayor gloria de la monarquía y aseguró el buen comportamiento del PSOE; silencio sobre la falta de soberanía de nuestro país y silencio sobre los escasos mimbres democráticos del conjunto de los partidos heredados de 40 años de dictadura. La monarquía nacional católica española ha construido su hegemonía con silencios. Infante significa "el que no fona". Los infantes siempre necesitan a un adulto. Quien no tiene voz, necesita tutela. Pueblos sin voz condenados al silencio y permanentemente vigilados. Un sentido común sostenido con silencios. Prudencia democrática.

Una carta enviada por un jubilado a un diario resumía toda esta sátira. Mientras daba su paseo diario escuchando la radio, oía al rector de la Universidad Nacional Autónoma de México dar las gracias por el Premio Príncipe de Asturias recibido. En su agradecimiento citó al exilio republicano, sin el cual la UNAM nunca hubiera tenido el mismo desarrollo: "Aquellos extraordinarios hombres y mujeres del exilio español que nos enriquecieron hace 70 años". En ese momento, cuando el abuelo caminante esperaba el atronador aplauso de la gente que ocupaba todas las localidades del salón Covadonga del Hotel Reconquista de Oviedo, sólo sintió en sus oídos el estruendo de un estremecedor silencio. Nadie en aquella sala consideró conveniente regalar un simple aplauso a ese roto y reconstruido exilio antifranquista, republicano y demócrata.
Seguro que fue también una cuestión de prudencia.

Juan Carlos Monedero es  profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid.

 

 

 

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9 Noviembre 2009

Una, de Espías ( II.b )

    Todo empezó para mi poco después que todo acabara para Jesús Galíndez. Recuerdo que fue en el claustro de la universidad de Barcelona, otoño de 1956, yo tenía 17 años recién cumplidos y en las catacumbas clandestinas se comentaba un escándalo, primera página en la Prensa de EE UU, incluso en Life, que nuestro Trujillo particular (Franco, por supuesto) nos había ocultado. Un profesor vasco de la universidad de Columbia, representante del PNV en Nueva York y ante el Departamento de Estado, impugnador fracasado del reconocimiento internacional de la dictadura de Franco, había sido secuestrado y había desaparecido entre noticias contradictorias. Los trujillistas dominicanos y yanquis le acusaban de haberse fugado a Moscú a cumplir su verdadera identidad de espía de la KGB y el PNV en el exilio clamaba inútilmente a los cielos más democráticos denunciando un asesinato político que según algunos Trujillo había perpetrado a mano, irritado por las opiniones contra su persona vertidas por Galíndez en su tesis doctoral de Columbia University y futuro libro, La era de Trujillo. A pesar de mis 20 duros de ideología antimperialista, me pareció prodigioso e inaceptable que en la misma calle donde Gene Kelly había bailado en Un día en Nueva York, en aquella calle nacida para el technicolor y el mito, se hubiera producido tan tenebrosa fechoría. Inimaginable que aquel profesor (recuérdese las connotaciones que adquiría la palabra profesor cuando se tenían 17 años en los años cincuenta) pudiera desaparecer, sobre todo si se sostenía que su cuerpo había sido arrojado a los tiburones del Caribe.
    Han pasado 30 años y he convivido con Galíndez en la recámara de mi imaginación hasta que, reunidos materiales y seguridades en mi propia escritura, me he decidido a dedicarle una novela en la que Jesús de Galíndez se convierte en materia de reflexión sobre la ética de la resistencia, escrita precisamente en tiempos en que está en descrédito la ética de la resistencia. Galíndez fue asesinado por Trujillo y temeroso el dictador de los testigos del complicado montaje fue matándolos uno a uno, sin darse cuenta de que dos de ellos iban a convertirse en el detonador de su propia ejecución. El asesinato del piloto norteamericano Murphy, que trasladó a Galíndez hasta la República Dominicana, echó encima a la opinión democrática estadounidense y con el tiempo le retiró el apoyo de la CIA. El asesinato del oficial dominicano cómplice del piloto Murphy, Octavio de la Maza, trajo como consecuencia que un hermano de De la Maza fuera uno de los urdidores del atentado y la muerte del dictador. Círculo cerrado. Pero como chivo expiatorio original seguía aquel misterioso Jesús de Galíndez, madrileño hijo de vasco, mitómano del país de su abuelo, ayudante de Irujo en su Ministerio de Justicia durante la guerra civil, condottiero y conspirador barojiano por todo el Caribe al lado de los Figueres, Muñoz Marín Betencourt.

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  Ni entro ni salgo en la verdad histórica de Galíndez como nacionalista vasco a ultranza que se convirtió en informador del FBI y de la CIA para que el Departamento de Estado favoreciera la razón nacional y democrática de los vascos. Más de un exilado superviviente me dijo en Nueva York que quien más quien menos, de los implicados políticamente pocos estuvieron en condiciones de no dar algo a cambio del asilo norteamericano y de la esperanza del retorno de la democracia a España de mano de Estados Unidos. Yo sólo soy un novelista. Los historiadores ya han dicho lo suyo sobre esta faceta de Jesús Galíndez, una más en un prisma humano en el que cada fase contradice y complementa a la inmediata, como suele suceder en los seres humanos expulsados de todos los países, incluso del paraíso de una patria idealizada, aunque ante una concentración de exilados cu-banos en Miami, Cabrera Infante pronunciara una hermosa frase: "No hay éxito mayor que el del exilio".
    Balaguer, el actual presidente dominicano, está ciego. Siempre lo estuvo para lo que no le interesaba ver. Entre otras cosas el secuestro y el asesinato de Galíndez que negó 100 veces y que condenó al no ser, al destruir buena parte de los archivos secretos de Trujillo. Ahora le reprochan algunos que siga ciego ante estos nuevos vascos que han llegado a sus costas, interesadamente ciego para no complicarse la vida, la historia, su propia ambigua memoria. Tan ambigua que ha ordenado dar el nombre de Galíndez a una calle del ensanche Ozama, junto al río que dio título a la mejor novela sobre el exilio español en el Caribe: Tots tres surten per l'Ozama (Los tres salieron por el Ozama) del catalán Riera Llorca. Estuve en la calle dedicada a Galíndez. Él no está allí. Es sólo un rótulo. En cambio cuando miraba al mar, más allá de la barrera del malecón, si que creí presentirlo como un muerto sin sepultura, bajo las aguas marinas y de la desmemoria. Aunque quizá quede algún recuerdo suyo en la memoria colectiva de los tiburones.

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9 Noviembre 2009

Una, de Espías ( II.a )

Llegados a este punto hora es de hablar del tema propuesto y que no es otro que de los últimos años de la vida de Jesús de Galíndez y nada mejor para ello que recurrir, en primera instancia a un maestro, un admirado maestro hoy tristemente desaparecido, Manuel Vázquez Montalbán que escribió sobre él y cuya lectura -junto a la de Gregorio Morán- me puso en conocimiento del caso. Esta historia de espías tiene, cómo no podía ser de otra forma, buenos y malos; los primeros serían -es un suponer- los EE. UU. del general Eisenhower en plena época del Mc Carthysmo y su Caza de Brujas, y junto a él, sus amigos y aliados políticos también generales, uno Trujillo, Dictador dominicano, y otro Franco, Dictador español. Los malos no podían ser otros -siempre fue sí- que los "rojos" republicanos españoles que vivían en el exilio en el Caribe y en los EE. UU., e incluso los veteranos americanos de la Brigada Lincoln. En medio de ellos se encontraría el PNV (Partido Nacionalista Vasco) que vendió a la CIA y al FBI -por tanto, al Departamento de Estado de USA- el plato de lentejas que representaba Galíndez -convirtiéndole en espía de sus propios compañeros de lucha antifranquista- a cambio de la utópica ayuda norteamericana para acabar con la Dictadura franquista (cómo se pudo ver por los hechos posteriores, el PNV adolecía de la misma candidez que la de aquellos otros republicanos españoles que se dejaron la vida luchando en los frentes de la II Guerra Mundial en defensa de la Libertad y contra el Nazismo y soñando que tras la derrota de Alemania vendría la de la España de Franco a mano de los Aliados) y, como institución no exenta de sus responsabilidades morales, el Vaticano de Pío XII, que no se detuvo en pensarlo a la hora de condecorar a los dos tiranos asesinos y torturadores de sus respectivos pueblos.

Sigamos el hilo que nos llevará a desenmarañar el ovillo de la Historia y, por tanto, de las ignominias y de las vergüenzas

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VASCOS EN SANTO DOMINGO

MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

EL PAÍS, 19 / 2 / 1990

Se dice que Balaguer los ha escondido para evitarse y evitarles males mayores. También hay quien dice que los etarras extraditados a la República Dominicana viven en perpetuo veraneo, invitados en selectas pistas de tenis particulares, con su roncito antes y después de la partida, en la piel el salobre del Caribe de las playas cercanas al Club Mediterranée, no muy lejos de la instalación turística por excelencia: La Romana. De nuevo los vascos vuelven a ser protagonistas misteriosos de la vida de esta media isla, aunque quizá los actuales exiliados etarras desconozcan a sus inmediatos precursores y entre ellos al más mitológico: Jesús Galíndez Suárez, asesinado por orden de Trujillo en un día indeterminado del primer trimestre de 1956, después de haber sido secuestrado en plena Quinta Avenida de Nueva York, número 30, el 12 de febrero del mismo año.
    

He repasado mis datos y sus lugares. Antes de dar por terminada mi novela sobre Galíndez he experimentado la necesidad de comprobar por segunda y última vez los detalles ambientales que envolvieron su vida de exiliado en esta isla, entre 1940 y 1946, antes de marcharse a Nueva York, para volver narcotizado y secuestrado en una avioneta particular, fletada por los servicios secretos de Trujillo y sus cómplices del lobby trujillista norteamericano. Me he detenido ante la casa en que vivió en la calle Lovatón, cuando ya consiguió una cierta estabilidad económica como profesor de derecho, asesor sindical y prolífico escribidor de "vascongadeces" en diferentes publicaciones nacionalistas. También he paseado por el parque donde se reunía con su contacto de la embajada norteamericana, para pasarle información sobre los nazis y los rojos presentes en la República Dominicana, dos piezas de una misma partida de ajedrez a la que jugaba el generalísimo Trujillo. He hablado con gentes que le conocieron, le respetaron o le traicionaron, contribuyendo con su campaña de descrédito a avalar su secuestro y asesinato. Incluso he hablado con Martínez Ubago, hijo del médico exilado que heredó de Galíndez la jefatura de los nacionalistas vascos en la república, cuando Jesús se marchó a Nueva York según consejo del lehendakari Aguirre y de su lugarteniente en EE UU, Irala. Martínez Ubago hijo vivió la truculenta experiencia de examinar unos cadáveres conservados en formol, por si alguno de ellos era el desaparecido Galíndez. No. Eran patriotas dominicanos que habian participado en un desembarco guerrillero, muertos a balazos o a palos. Un médico forense con visión de futuro los conservó en formol para que algún día dieran testimonio de la barbarie trujillista.

 (....)

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7 Noviembre 2009

Una, de Espías ( I )

Ha pasado tiempo desde mi última aparición por el jardín de mi casa. Unas veces por razones físicas, ausencia del lugar de residencia, y otras por causas anímicas, saturación y empacho político ante "la que está cayendo" alrededor nuestro, fueron los motivos de tan prolongado silencio.

Hoy, no es que haya amainado el temporal, no es que un arco iris de paz y de esperanza ilumine el horizonte y ello me haga regresar al hogar abandonado. No, no es eso. Se trata de que no hace aún muchas fechas me encontré en Madrid con un ángel y algo que se mantenía oculto en mí se removió con fuerza y me hizo comprender que aunque nos duela la vida tenemos el deber de "vivirla" y, si somos coherentes, aportar nuestro granito de arena para que sea cierto el dicho de que "El conocimiento nos hará Libres".

Así pues, tras abrir puertas y ventanas y comprobar que manos anónimas han cuidado de la limpieza de la casa durante mi ausencia, doy comienzo a una nueva etapa en la que, por ahora, aparco la serie que estaba exponiendo sobre "el conflicto poliédrico" y comienzo otra que espero sea de vuestro interés. Una historia verdadera y que, según el perfil que he venido manteniendo, tiene que ver con la Historia y la política. Una historia que nos dice, y mucho, de las miserias de la Condición Humana, de las relaciones internacionales y de los oscuros intereses que se ocultan tras ellas.

 

 Una, de Espías :

Graham Greene, Ian Fleming, John Le Carré, Vladimir Volkoff, Roberto Arlt y tantos otros, son autores que frecuentemente nos han entretenido con sus relatos de espías, de héroes y villanos, de buenos y malos en un mundo a veces sórdido gobernado por intereses poco limpios y en el que el asesinato, la traición a la Patria, el sexo o el robo de documentos secretos son  materia común en todos ellos. Una materia que por más dura o escabrosa que fuera apenas afectaba a nuestra conciencia ética ya que tan sólo era ficción -al menos, eso pensábamos- y, por supuesto, al final siempre ganaban los buenos y estos indefectiblemente eran "de los nuestros".

Educados como estamos desde nuestra primera juventud en valores como la patria, el honor, la democracia, la libertad colectiva, el Ejército como garante de la misma, Occidente como adalid de las libertades y de los Derechos Humanos, el Vaticano como guía moral, etc., cuando comprobamos que en ocasiones la realidad supera a la ficción se tambalean nuestras convicciones y nos preguntamos si no somos tan solo marionetas cuyos hilos los manejan aquellos que detentan el Poder político o económico -acaso, ¿el segundo no condiciona y dirige al primero?- de turno en un Sistema en el que se nos ofrece como victimas propiciatorias en el altar de los sacrificios a cambio únicamente de nuestro sometimiento absoluto al Sistema, de creernos a ciegas cada uno de los paradigmas que este nos proponga, incluso el de dar nuestra vida, si llega el caso, en defensa del mismo.

Por ello sería deseable que desde nuestro bien más fundamental, es decir, desde nuestra libertad individual, seamos muy cautos a la hora de apuntarnos a cualquier banderín de enganche al menor toque de corneta que llegue a nuestros oídos. Eso de la patria o de cualquiera de los valores más arriba enunciados puede que esté muy bien pero, ¿realmente merece la pena que sean aceptados por nosotros a ojos cerrados?, ¿es, realmente, ese Occidente supuestamente Humanista y defensor de la Democracia y de los Derechos Humanos el espejo en el que debemos mirarnos?, ¿está la Iglesia de Pedro siempre del lado de la Verdad? Para respondernos a estas preguntas sería interesante el que conozcamos una historia de espías en el que como en las mejores novelas de esos autores hubo de todo, traiciones, chantajes, delaciones, secuestros, torturas y asesinatos, pero que no fue una historia de ficción sino que se corresponde con hechos reales en los que se vieron involucrados Estados e instituciones de dos continentes cuya mala praxis nos demuestra lo absolutamente relativos que son los valores que nos infunden.

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Hola, mi nombre es Pepe y vivo en Madrid (España) y mi profesión actual es sobrevivir resistiendo el embate diario de las olas de la vida desde la alta atalaya de mis años. Anteriormente, me gradué en sueños, esperanzas y utopías varias en la Universidad de las Ilusiones.
   
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